Según luke 360, en Instagram, existe una razón biológica al responder por qué la derecha se asusta tanto frente al cambio. Afirma Luke, que los neurocientíficos realizaron múltiples estudios grupales, y escanearon los cerebros de miles de personas para ver si había una correlación entre los resultados de los escáneres cerebrales y la afiliación política, y lo que encontraron fue sorprendente. Los conservadores tienen una amígdala más grande y más reactiva: la amígdala es el centro del miedo de tu cerebro; procesa cosas como el temor, la ansiedad y la ira. Los liberales muestran más actividad en la corteza cingulada interior, la parte del cerebro que se ocupa de la complejidad y el pensamiento crítico. Estas pruebas fueron tan precisas que los científicos pudieron adivinar la afiliación política de las personas en un 82 por ciento de las veces. Según él, (y aunque no precisa con más detalles), esto no es una noticia falsa, son múltiples estudios independientes en distintos países publicados en revistas como Nature, Neuroscience y Current Biology. Esto es evidencia científica empírica, agrega. Los cerebros conservadores funcionan por el miedo. Los cerebros liberales funcionan por la curiosidad. El trabajo de la amígdala es detectar las amenazas y provocar miedo; cuando la amígdala es hipersensible cada cosa nueva se siente como peligro: los extranjeros llegando a tu vecindario, equivale a una amenaza; un hispano en el Super Bowl, amenaza; no porque estos ejemplos sean amenazas en sí, sino porque sus amígdalas crean una amenaza. Por esta razón los hechos no son determinantes con las personas conservadoras, porque no se debaten ideas, se debate a partir de sus aterrados cerebros de lagartijas. (A mi entender esta afirmación parece poco científica). Luke continua: si tú presentas datos, ellos se sienten atacados; si tú ofreces lógica, sus sistemas nerviosos gritan, ¡peligro! Cada política racista, cada diatriba basada en la inmigración, cada pánico de la guerra cultural, todo se origina en la misma cosa, una respuesta hiperactiva de miedo. La crisis en la frontera: amígdala; la agenda trans: amígdala; Y esto es lo que los conservadores odian. Los progresistas tienen literalmente un cerebro más evolucionado; se sienten bien con los cambios, abiertos a las diferencias, tienen la habilidad de actualizar creencias antiguas: así son los cerebros progresistas; mientras que los cerebros conservadores están atrapados en modo de detección de amenazas del hombre de las cavernas; bueno para 50 mil años atrás, pero horrible para la sociedad moderna. ¿Significa esto que los cerebros conservadores son estúpidos?: no. ¿Significa esto que los conservadores representan el mal?: no. ¿Significa que sus creencias políticas son conducidas por el miedo, en vez de por el pensamiento racional?: sí, exactamente así.
Las observaciones a estos resultados científicos darían para un ensayo político social de muchas páginas. Podríamos decir que en ese 18 por ciento que no cumple con la teoría de la amígdala y la afiliación política se puede encontrar personas que son conservadoras y liberales al mismo tiempo, o conservadoras y progresistas al mismo tiempo. Aunque el término progresista en nuestro país es un saco donde se suelen echar muchos “gatos”, desde comunistas a democratacristianos; y ya sabemos cuan conservadores suelen ser en temas políticos algunos “progresistas”, por ejemplo, los que apoyan dictaduras con ideas añejas del siglo pasado. Pero volviendo al tema. Uno puede ser conservador en mantener algunas tradiciones que son parte de nuestra identidad y al mismo tiempo tener un espíritu abierto a lo nuevo y tener buenas relaciones con los inmigrantes, sin discriminarlos, por ejemplo. Eso no quita que pierdas tu pensamiento crítico y estés de acuerdo con, dadas las circunstancias actuales, si un extranjero comete un delito grave deba ser expulsado del país.
Como decía el tema daría para un ensayo extenso, sólo afirmar que sí se puede ser conservador y liberal o conservador y progresista al mismo tiempo.
El Criticón
