La visión humanista sostiene que la autenticidad tiene que ver con la congruencia. En palabras simple, ser fiel a sí mismo; ser tal como es, sin máscaras. Ello implica un decidido trabajo interior; algo que no todas las personas están dispuestas a realizar.
Existen, sin embargo, quiénes son auténticos y congruentes por el sólo hecho de existir. Conocer alguien así es una fecunda fuente de aprendizaje.
Mansito, sin ser un humano, lo era, vivía su existencia desde su ser y hacía exactamente lo que necesitaba hacer: ladrar, comer, buscar cariño, aunque a veces esa autenticidad pudiera incomodar a los demás. Sin embargo hay que considerar que él, era un perro y de avanzada edad.
La pregunta me resulta obvia. Y qué podemos aprender nosotros, los homo sapiens sapiens, es decir, el hombre sabio, con su lóbulo frontal desarrollado, de un perro de la tercera edad.
Alberto Cortez, cuenta en su canción callejero, refiriéndose a la muerte de un perro cercano, «era nuestro perro y era la ternura que nos hace falta cada día más…y era de los niños y del viejo Pablo, a quien rescataba de su soledad…» creo, sin temor a equivocarme, que nuestros hermanos menores -como los llamaba Francisco de Asís- tienen tanto que enseñarnos, o al revés: tenemos tanto que aprender de ellos; a saber: la lealtad, la compañía, la incondicionalidad y un largo etc.
La partida de Mansito representó, seguramente, un encuentro con nuestras emociones. Fritz Perls, refiriéndose a éstas, dice: donde hay emoción hay verdad.
Y que necesario, importante y sanador, es el encuentro con la verdad más profunda: nuestra finitud, que nos convoca a vivir la existencia con el mayor grado de plenitud posible. Para ello, es importante realizar la ingente tarea de ser auténticos y congruentes, como Mansito.
Papudo, 6 de enero del 2026
Nelson Álvarez
