El 11 de enero pagué en el Registro Civil al instante $ 27.000 por el recambio de las patentes del auto. Ayer, 19 de mayo, fui a buscar mis nuevas patentes por cuarta vez, aún no llegan de la Casa de Moneda de Santiago. Me atendió la misma mujer que hizo el papeleo, timbreo, fotocopieo, firmeo, elastiqueo, el 11 de enero. Estaba en la fila para retirar las placas cuando ella de su escritorio me hizo una seña para que me acercara. Siéntese, me dijo, qué suerte, pensé, no voy a hacer la fila. Le pasé el cartoneo y el papeleo, y al poco tiempo me dijo que aún no llegaban las patentes. No le creo, dije subiendo un poquito el tono, en realidad, a esas alturas y después de cuatro meses esperando, no me parecía extraña su respuesta. Pero no se enoje, me dijo; no estoy enojado, pero por qué se demoran tanto. A usted lo llamamos por teléfono y no contestó. Me llaman doscientas veces por teléfono ofreciendo cosas; sólo contesto cuando me llama el mismo número dos veces, le dije. Es que en sus papeles decía taxi colectivo, y su vehículo es particular. Yo jamás dije que era colectivo. Sí, yo me equivoqué, dijo la joven, disculpe. Luego me confesó, no han llegado patentes hace tiempo, se están demorando en Santiago. Pero no pueden preguntar ustedes qué está pasando, por qué se demoran tanto. No, nosotros no podemos hacer eso; pero su jefe al menos puede preguntar, dije. Además, continuó la mujer, primero se van los papeles a Valparaíso y de ahí a Santiago; podrían aprovechar de dar un paseo por Concepción, mascullé. Para no burocratizar esta historia, la joven estampó otro timbre en mi papeleo y cartoneo, ahora debo regresar el 19 de junio para ver si han llegados las placas. Y para que este proceso de los Tres chiflados siga, debo grabar el número de patente no sé dónde en el auto, auto que es de bajísima gama, que los ladrones miran para el lado cuando lo ven. Algún aguja convenció a los legisladores para que paguemos. Sin patente no puedo viajar a Santiago porque no puedo pasar por los pórticos, porque las cámaras leen el número de patente, el sonido del aparato del tag, es otro negociado de algunos “cleveres”, lo que vale es la patente. Parafraseando a Robert Tremaine; así es Chilito, entre la burro-cracia, y los pulpos.
El criticón
