Venciendo la procrastinación

La procrastinación. Parte 2.

En la columna anterior me referí a las causas de la procrastinación. Si la leíste, probablemente te identificaste con una o más causas, el asunto ahora es ¿cómo lo resuelves?

Primero debo contarte que las soluciones mágicas de tipo: resuelve tu vida con estos 5 tips, no funcionan, pero sí es posible cambiar una conducta que te desagrada haciéndote consciente de ella, como primer paso; es decir, dejar de culpar al empedrado y tomar conciencia de que el principal obstáculo entre tú y la meta que te propones, eres tú mismo/a. Luego, sincerarte contigo mismo/a, ¿por qué evitas realizar tal o cual cosa?, ¿aversión a la tarea?, ¿miedo al éxito? (Aquí te recomiendo leer la columna anterior para identificar las causas).

James Clear, en su libro Hábitos atómicos, hace gran hincapié en el hecho de convertir tu cambio de hábitos en un sistema donde comiences por retos modestos al principio enfocándote paso a paso en ellos y no en la meta final. Si tu meta es convertirte en un estudiante que obtiene buenas notas, céntrate en dividir la materia para esa prueba que tendrás en dos semanas más y hazte un plan diario de estudio que puede ser de 20 minutos. Ese hábito modesto que se repite en el tiempo configurando en ti una nueva forma de hacer las cosas, es lo que James Clear denomina “habito atómico”.

Para enfrentarte a aquello que evitas porque te desagrada: una tarea doméstica, la redacción de un informe en tu trabajo, etc. puedes poner en práctica la Técnica Pomodoro, cuyo nombre viene de los timer de cocina con forma de tomate, y que consiste en marcar intervalos de tiempo de 25 minutos para realizar la tarea desagradable en forma alternada con un recreo de 5 minutos. Una vez que completes 4 ciclos, te tomas un descanso de 15 a 30 minutos para evitar la fatiga. Puedes usar un cronómetro cualquiera, incluso el de tu celular. Esta técnica es de Francesco Cirillo, quien en su época de estudiante, a fines de los ’80, la creó para superar su propia procrastinación.

Esta técnica coincide en un punto importante con lo que propone James Clear: antes de comenzar debes preparar tu área de trabajo para evitar distractores, o en palabras de Clear, la regla de “hacerlo sencillo”. Estudiar o trabajar sobre un escritorio desordenado o no tener a la mano todo lo que necesitarás para completar tu tarea, te saca del foco, agrega más cansancio y contribuye a la procrastinación. Si tu meta es salir a andar en bicicleta, entonces vístete con ropa deportiva y zapatillas, de esa manera le dices a tu mente: estoy listo/a, ahora solo debo hacerlo.

Clear menciona otras tres reglas: hacerlo obvio, atractivo y satisfactorio, que de manera muy resumida implica tomar consciencia, mejor aún si lo anotas, cuál es tu meta, cuáles son tus hábitos actuales y qué hábitos necesitas para llegar a tu meta. Si lo que quieres lograr es alimentarte de manera más saludable, haz obvio todo aquello que te aleja actualmente de tu meta y si lo necesitas, repite en voz alta cuando estés con un paquete de papas fritas en la mano: “no comeré esto porque me aleja de mi meta”. Tampoco pretendas pasarte un año sin probar una papa frita, puedes premiarte con un paquete moderado después de una semana comiendo verduras, de eso se trata el hacerlo atractivo, te ganas un premio al completar las tareas que te propusiste. Y para que tus hábitos se vuelvan satisfactorios necesitas llevar un registro de tus logros, pues la satisfacción personal de ir cumpliendo con tus pequeñas tareas es un aliciente para continuar haciéndolas.

Y ahora que sabes todo esto, ¿por cuál meta comenzarás?, ¿qué hábito adquirirás para dejar de procrastinar? Te recomiendo ponerlo por escrito.

Julieta Salinas Apablaza

Compartir en WhatsApp y Facebook