
“Haz tu cama a diario, y tendrás todo el éxito económico que has soñado” dicen algunos gurúes que circulan por las redes sociales. Y si bien entre el acto de hacer la cama y conducir un Lamborghini hay varios saltos cuánticos en medio, en algo tienen razón desde el punto de vista neurofisiológico, que realizar pequeñas tareas como hábito diario permite entrenar a nuestro cerebro para organizarse de manera más eficiente en pro de alcanzar metas a largo plazo, recurriendo a una cualidad que se denomina “postergación de la gratificación”.
Cuando decides ejecutar una acción rutinaria que no es de tus favoritas, pero sí es necesaria, por ejemplo, lavar la loza, o regar el jardín antes de sumergirte en una actividad que sí te causa placer, como ver una serie, estás “postergando la gratificación”, que es la capacidad de inhibir tu conducta y deseos inmediatos a cambio de obtener una ventaja o beneficio mayor a futuro.
En la inhibición de estos deseos, en la regulación de la conducta, y en la planificación, entre otras funciones relacionadas con el pensamiento más racional, interviene el gerente general de nuestro cerebro, la corteza frontal, específicamente su zona más externa, la corteza prefrontal.
Cuando te quedas viendo reels de Instagram sabiendo que debes terminar tu trabajo, y te cuesta dejar de lado la pantalla para concentrarte en lo importante, es porque se ha activado el sistema de recompensa de tu cerebro, donde recibes oleadas de dopamina, que te generan placer. ¿Te cuesta salir de ahí? Imagina cuánto le cuesta a tu hijo/a, quién aún no tienen bien desarrollada la corteza prefrontal, cuando esa dopamina que le genera el video juego está compitiendo con su pensamiento racional, que le dice “tu madre te ha enviado tres veces a hacer tus tareas”.
Normalmente nuestros niños y adolescentes no suelen postergar la gratificación como un adulto, pues su lóbulo frontal se está desarrollando y terminará de madurar a los 25 años. ¡Uf, harto tiempo! Sí, pero la buena noticia es que tenemos ese extenso periodo para ayudarles a educar su corteza prefrontal.
Una manera sencilla, que puedes ejecutar en casa, es haciendo que postergue la gratificación. Por ejemplo, el niño llega del colegio y se va directo a la consola de juego. Antes que se active su sistema de recompensa (lo que ocurrirá de todos modos) dale una tarea sencilla, como: primero te cambias la ropa de colegio y luego puedes jugar. No sirve que lo hagas una sola vez, sino que sea una tarea habitual, de todos los días, pues de ese modo su corteza prefrontal se estará entrenando en postergar la gratificación. Por lo mismo, insisto: tareas sencillas. Si lo mandas a subir el Everest y a plantar 50 árboles antes de que pueda jugar, de seguro se frustrará y todo terminará mal. Puedes aplicar esto también antes de que coma algo rico: primero te vas a lavar las manos. No es sólo por higiene, es una manera de hacerlo que postergue la gratificación. A medida que integra esos hábitos en su vida puedes ir incorporando otros, ve de a poco, al tiempo que vas regulando las horas de pantalla versus estudio, donde él/ella perciba que juega tras haberse ganado ese premio. Durante el periodo de vacaciones puedes darle de tarea hacer su cama antes de jugar. Ya sabes que con ello tu hijo no necesariamente obtendrá un Lamborghini, pero sí estará entrenando las funciones ejecutivas de su corteza prefrontal para organizar de mejor manera su vida.
Julieta Salinas Apablaza
