Stella Corvalán Vega

En septiembre del 2022 un grupo de estudiantes de segundo y tercero básico de la Escuela Arreboles de Panul de la Florida, Santiago, encontraron un tesoro literario mientras construían un huerto en el patio, tratándose de la obra inédita de la poeta maulina Stella Corvalán Vega. La directora del establecimiento educacional, Carolina Carrasco, comentó que “el hallazgo de estos escritos se produjo como parte de la formación de niños y niñas de nuestra escuela, en el conocimiento de su entorno y el contacto con la naturaleza”.

Asimismo, el director del Centro de Documentación Patrimonial (CDP) de la Universidad de Talca, Eduardo Bravo, explicó que “son libros que constituyen una parte muy valiosa de la producción literaria de la poeta, quien escribió entre 1938 y 1960 la mayoría de sus obras. Este es un hallazgo que está en plena investigación. Necesitamos saber por qué estaban enterrados los libros. Tenemos algunas hipótesis que señalan que habrían sido enterrados en el periodo de la dictadura militar, dado que en el sector hay una casa de la Vicaría de la Solidaridad”.

Tal noticia nos lleva a indagar la vida y obra de la misteriosa autora. He aquí un resumen: Stella Corvalán Vega (Talca, 25 de noviembre de 1913-Santiago, 1944), cultivó principalmente la poesía, siendo considerada como surrealista y cercana a la Generación del ’38. Creció en el barrio La Merced de Talca, terminando la enseñanza secundaria en el Liceo Fiscal de Talca (actualmente Liceo de Niñas) y la superior de Santiago. También estudió en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, de la que egresaría de abogada (profesión que nunca ejerció). Su primer poemario, Sombra en el aire, fue publicado en Buenos Aires el año 1940, y tuvo una buena acogida por parte de la crítica. El escritor y crítico Carlos René Correa señaló «destaca con signos de original categoría, de fuerza expresiva y de verdadera hondura», mientras que el argentino Roberto Fernando Giusti escribió en su carta-prólogo: “Los versos le vuelan los labios, se le escapan de las manos naturalmente, prolongaciones de su ser íntimo”. Su poesía “se caracteriza por la capacidad de evocación de lo ausente, y la capacidad por organizar en sus textos lo que políticamente se denomina “lo femenino”, es decir, el mundo de las emociones, la intuición, la sensibilidad anudada de una inteligencia de dichas emociones”.

Stella viviría muchos años en el extranjero, fue publicada en varios países de América Latina y Europa, prologada por escritores de renombre como Francis de Miomandre, Pío Baroja y Giovanni Papini, ilustrada por la holandesa Agnes van den Brandeler y homenajeada por escritores como la uruguaya Juana de Ibarbourou en el poema A Stella Corvalán. Otro dato interesante se relaciona con que la Municipalidad de Talca, a partir del año 2004, otorga anualmente el Premio Stella Corvalán, alternando el cuento y la poesía.

A continuación, transcribo unos versos de la poeta: “Levanta el mar sus pompas inquietantes / en la mañana cándida, en la tarde dorada / y en la noche indecisa, / que si el oro de sol logra apresarlo / luego sucumbe en tentación de lunas. // La mañana gloriosa, la tarde en celo / y la dormida noche / saben ya de su tenaz requiebro / que es un amante infiel éste que enreda, / su pompa azul en diferentes cielos.” “Convulsos rostros / cayeron en la luna de mi afán, / se me ahondó la mirada, / por devolverles la paz, / me florecieron las manos”. 

La poeta talquina Silvia Rodríguez sostiene que “Su sensibilidad es aguda, pero no la debilita, la hace fuerte, la fe la salva, la rescata de caer en ese siniestro laberinto donde muchos perecen, la fuerza de su catolicismo es eterna y se aferra a ella cuando cruza por momentos desérticos, mas su voz y fe alcanzan lo divino y reza:

Dame señor, un cántico de cielo / para dictar al mundo / este libre arrebol y esta riqueza / que vuelca en Estocolmo el levísimo / y otoñal sortilegio… / Quiero gritar este prodigio alegre, / enredarme en la fronda estremecida / y lanzar mi canción como una flecha / sobre el silencio casto”.

Mientras leo y releo sus versos, imagino a mi amiga la poeta Azucena Caballero Herrera, quien me enseñara sus versos en la Biblioteca Hermelo Aravena Williams, en una tarde de invierno de 1999.

Marco López Aballay

                                                                                                              -Escritor-

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