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En este drama dirigido por Barnabás Tóth, el destino une a un ginecólogo cincuentón, (Kámoly Hajduk) y una adolescente clever y extrovertida (Abigel Szoke), en un fuerte vínculo afectivo que, a medida que la cinta avanza, va rozando el límite de lo prohibido. Ambos son náufragos del holocausto, ambos han perdido a sus familiares más cercanos y se necesitan; ella necesita el afecto de esa familia que perdió, y él de la suya. Entonces, el médico, de común acuerdo con la tutora de la adolescente, adopta a la niña y la lleva a vivir con él en su departamento. La transferencia de afectos se realiza en forma natural. Por supuesto, a los ojos del medio la relación se vuelve sospechosa. El hombre se muestra siempre consciente del peligro, pero dominado también por el afecto que siente por la chica. Ambientada en la Hungría después de la Segunda Guerra Mundial, el contexto político no es indiferente a la trama. El encierro; la mano del régimen comunista, los delatores, las detenciones. Ya al final, cuando ambos han transferido sus afectos a otras personas ―pero sin poder olvidar el fuerte vínculo que los ha unido― se vislumbra una salida; aunque esta sea solo afectiva, pero no entre ellos.
Es interesante ver estas películas donde se representa la vida al interior de la cortina de hierro. Seguramente queda mucho por explorar en esta temática; pues fueron varias décadas que la vida en esos países fue regida por la ideología soviética. Por su parte, a 35 años de la caída del muro de Berlín, la integración ha sido lenta, los alemanes orientales se sienten diferentes a sus hermanos occidentales; se sienten en gran medida marginados y estigmatizados. No ha sido fácil para los alemanes unir antípodas concepciones de mundo.
El Insomne
