Adolfo Couve y su conflicto homoerótico

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Adolfo Couve (Valparaíso, 1940-Cartagena, 1998), desplegó su talento tanto en la pintura como en la literatura y en ambas disciplinas logró importantes reconocimientos que daban cuenta de su genialidad. Pero Couve cargó la cruz de la depresión por muchos años, hasta que una madrugada del 11 de marzo de 1998 se colgó en el baño de su casa en Cartagena.

En un artículo aparecido en el diario La Tercera, el día 08 de junio del 2013, titulado Los últimos días de Adolfo Couve, de Roberto Careaga, se describen algunos detalles de la singular vida de este autor, quien, desde mediados de los 70 vivía en Cartagena. Estaba separado y tenía una hija, hacía clases de pintura en la Universidad de Chile, y había concluido su novela Cuando pienso en mi falta de cabeza. En su etapa final sus compañeros eran su perro, el Moro y Carlos Ormeño, a quien el escritor le había dicho antes de acabar con su vida: “No te olvides, Carlitos, yo muero por el arte”. Ormeño conoció a Couve a los 10 años y lo acompañó fielmente hasta el momento de su muerte. En la entrevista a La Tercera recuerda que se conocieron cuando el escritor vivía en su departamento en Miraflores, en el centro de Santiago, y se hicieron amigos: “Yo andaba por la calle, porque era un niño pobre, no tenía nada”. Tiempo después se lo llevó a vivir con él, a su casa en Cartagena, con el permiso de su madre. Con el paso de los años el joven sería su secretario y a la vez su amante. “Sí, tuvimos una relación de pareja. Más que eso: él era un todo para mí. Era mi papá, mi amigo, mi maestro, mi pareja. Yo también para él era todo. Pero quiero dejar en claro que no hubo abuso, no hubo pederastia. Yo quise estar con él. Nadie me obligó, me podría haber ido”. Sostiene Ormeño en dicha entrevista. En sus últimos días Couve andaba paranoico: creía que su comida estaba envenenada y Carlos debía probarla antes que él. No dormía, ni se medicaba, y de vez en cuando llamaba a su primo psiquiatra.

A raíz de esos antecedentes me pregunto qué enfermó a Adolfo Couve; ¿su obsesión por concluir su novela Cuando pienso en mi falta de cabeza?, porque a decir de Ormeño: “Esa fue la novela que lo mató. Era su epílogo. El mismo lo decía: “Mi réquiem es esta novela”. También se podría sumar alguna condición genética y el conflicto con su identidad sexual. Cito a Ormeño: “Después de su muerte se iba a saber que era homosexual, aunque siempre se supo, pero nunca se dijo. Para él eso era terrible. Odiaba ser homosexual”.

El ensayo El claroscuro homosexual en El picadero, de Adolfo Couve, del Dr. Bernard Schulz-Cruz, nos aproxima al universo creativo del escritor tomando el elemento homoerótico como tema de conflicto. Cabe señalar que El picadero es la primera obra de Couve, siendo publicada en plena Dictadura Militar, en 1974. La novela -que debo reconocer no he leído- ambientada en el Chile de 1930, muestra, según Schulz-Cruz, historias paralelas en donde sobresale una que narra la relación homoerótica entre un adolescente de nombre Angelino y un joven militar, Condarco. No obstante, la relación fracasa entre otros factores porque Angelino es de clase acomodada y el militar es de estrato social bajo. A pesar de aquello, el autor del ensayo, considera que podrían, de alguna u otra manera, dar rienda suelta a sus deseos eróticos mediante acciones planificadas, como citas u otras formas de concretar sus fantasías sexuales. A raíz de lo anterior Schulz-Cruz pregunta: “¿Por qué un autor y su escritura expresan y, al mismo tiempo, reprimen ese deseo?”

En otros relatos Couve insinúa relaciones homoeróticas desde distintos ángulos: niños, adolescentes, adultos jóvenes, que se mueven entre el deseo, la insinuación, el coqueteo y la negación a sus impulsos homosexuales. A propósito de lo anterior, Schultz-Cruz, dice: “Además, qué duda cabe, no se puede dejar de mencionar el imaginario gay que la figura del niño angelical suscita en algunos pasajes de las cuatro novelas de Cuarteto de la infancia”. Y en una de sus críticas literarias, según el ensayista, Ignacio Valente advertía: “¡Atención a los niños de Couve!” (1998).

Marco López Aballay

                                                                                                           -Escritor-

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