“Si te fue mal en algo de seguro fue porque lo decretaste”. ¿Te suena esa frase? Decreta dinero y lo obtendrás; si estás pobre es porque piensas en pobreza. Decreta que aparecerá una pareja para ti, y serán felices como perdices. La realidad no funciona así, eso se llama pensamiento mágico, un tipo de pensamiento que tienen los niños en edad preescolar, quienes atribuyen una relación de causalidad a dos eventos que no tienen relación. Una niña de 4 años puede creer que su hermano se acaba de pegar en la cabeza porque ella estornudó, o que se cayó una hoja de un árbol porque ella dio un brinco.
Los niños/as pequeños normalmente añoran ver en Navidad al Viejo Pascuero ¿Y eso ocurre? No. Un niño puede pensar con mucha fe, decretar, que aparecerá el Viejo Pascuero sentado en el living de su casa; y eso no va a pasar. A lo sumo llega un señor vestido de Viejo Pascuero.
Te estarás preguntando (quizás decepcionado/a), ¿entonces no influye en que piense negativo y me vaya mal; y positivo y las cosas me resulten? Por el contrario, sí influye, pero de una manera bastante diferente. Esa delgada línea entre el pensamiento mágico y algunos fenómenos que sí existen y que han sido estudiados por la psicología, implica factores concretos y medibles que operan entre lo que piensas y el resultado final.
Uno de ellos es la profecía autocumplida; en su versión negativa, y la Teoría del logro de metas u objetivos, en su versión positiva.
La profecía autocumplida consiste en que una persona se predispone tanto a recibir un efecto negativo que de manera inconsciente hace todo lo posible para que ello ocurra. Por ejemplo, Juan tiene mucho miedo de hablar en público porque piensa que se quedará en blanco. Juan debe hablar ante un grupo grande de personas, se sube al escenario, toma el micrófono y apenas comienza a hablar, se queda en blanco. La fisiología de Juan actuó de acuerdo con lo que él temía. Su miedo activó una reacción de estrés que bloqueó la corteza prefrontal, y olvidó el discurso.
Si Juan teme volar porque piensa que el avión se caerá. ¿Ocurrirá un accidente aéreo en el vuelo de Juan? No. Porque Juan no tiene control alguno sobre el avión. Imagina la cantidad de aviones que a diario se caerían si los causantes fuesen los pasajeros temerosos, cuyas mentes superpoderosas enviaran ondas de desgracia hacia las turbinas del avión. Si Juan fuese el piloto, sería otra la historia, pues esto tiene que ver con la sensación de autoeficacia.
La sensación de autoeficacia, en palabras simples, consiste en “creerse el cuento” de que eres muy bueno/a haciendo algo. Solemos tener sensación de autoeficacia en tareas que ante la repetición constante hemos tenido éxito. Tú por ejemplo sabes que las tortas te quedan fabulosas o que tienes mucha habilidad con los números, y al enfrentarte a un nuevo reto de esa naturaleza confías en tus habilidades.
Esta cualidad, la sensación de autoeficacia frente a una tarea, es uno de los cuatro factores que propician el logro de objetivos, según la Teoría del establecimiento de metas del psicólogo Edwin Locke.
- Otro factor es la fijación de objetivos, que implica que las metas sean concretas y desafiantes, no una intención vaga. “Quiero volverme millonario”, esa es una meta vaga. En cambio, si te propones: “emprenderé con un negocio innovador de marshmallows de cúrcuma” y desglosas esa intención en pequeños pasos, que guíen cómo lo harás, cuándo y de qué manera, te permite establecer metas concretas.
Esta fijación de metas debe ir acompañada de dos factores más:
- La orientación a la acción, la energía que usas en imaginar y decretar frente al espejo que te convertirás en millonario, úsala en acciones concretas, crea el producto, pruébalo, promociónalo, etc.
- Y, por último, tu atención selectiva, deja de mirar Instagram y ponte a preparar los marshmallows de cúrcuma.
Mantener una actitud positiva causa además efectos beneficios en tu vida, pues contribuye a liberar neurotransmisores que aumentan el bienestar, como la serotonina y la dopamina; y a reducir el estrés, al disminuirse los niveles de cortisol. Además, mirar la vida desde un sesgo optimista, nos permite enfocarnos en lo que sí tenemos, en lo que sí es bello, y permite cultivar una mayor resiliencia, la cual nos ayuda muchísimo cuando la vida se vuelve cuesta arriba.
Pero ya sabes que pura buena intención sentada/o en tu living esperando que de forma mágica ocurra eso que tanto anhelas, es similar a esperar que aparezca el Viejo Pascuero.

Julieta Salinas Apablaza
Escritora
