No me cargue sus problemas

Hace poco llamé a la empresa de gas para que me enviaran un tubo. La señorita que me atendió fue bastante cortés, pero no así el repartidor, quien me telefoneó unos tres minutos más tarde para cargarme su problema:

—Aló —digo yo.

—Buenas tardes. Me dijeron que debo llevarle un tubo a su casa, pero allá no hay donde estacionarse. Como ese día era soleado, y los días soleados suelo andar con un genio más apacible, me limité a darle una solución:

—Mire, estaciónese en la calle que está más abajo, y desde ahí, con ese carrito que ustedes tienen me trae el tubo.

—Ya, voy a ver —Me respondió rezongón.

Si hubiese amanecido nublado, fijo que lo hubiese mandado a la punta del cerro. Yo pido gas para que me solucionen un problema: me he quedado sin gas. ¿Se entiende? Yo no estoy para solucionarle problemas a la empresa. Todos los meses me traen gas y el repartidor se las arregla regio. También me vienen a dejar bidones de agua, y yo no necesito estar como cuidador de autos, indicándole donde estacionarse.

Yo estoy pagando un monto extra para que me vengan a dejar el gas a la casa, el que me ahorraría si yo misma fuese a buscarlo a la distribuidora. Pero el señor que reparte, al parecer no se ha enterado que a él lo contrataron para cumplir con ese servicio.

Es tan absurdo como que en la farmacia el vendedor me diga: “pucha, es que su remedio está en la bodega, y lo tengo que ir a buscar”, o como que en una tienda de ropa me digan: “es que si prueba esta blusa, la va a arrugar”. Si es su trabajo, hágalo y calladito, que el cliente no tiene que cargar con su mal humor; bastante ya tengo con el mío.

Desde la pandemia me acostumbré a pagar con tarjeta, porque nadie tiene vuelto, en las tiendas se complicaban y hacían que la compra fuese más demorosa, y ahora me ha pasado, que al pagar en un negocio chico me pregunten con cara de vinagre:

—¿No tiene efectivo?

—No. No tengo —Y ahí viene el reclamo:

—Ay, es que por esta compra tengo que pagar tanto porcentaje —No es problema del cliente que ellos tengan que pagar un porcentaje por usar las maquinitas de pago. Un comerciante no digamos brillante, sino con una inteligencia promedio, calcula ese costo antes de poner los precios; y no me cabe duda de que lo calculan. Cuando el cliente paga con efectivo no sólo se ahorran el cobro por la maquinita, sino que aprovechan de evadir el IVA; cuando se hace la venta en la máquina, eso pasa directo a SII. Seré vieja, pero de tonta no tengo un pelo.

Como siempre tengo poco efectivo, y a veces cuando lo necesito para movilizarme, voy a un supermercado que da vuelto, porque así evito poner mi tarjeta en un cajero que pudiese clonarme la tarjeta. Y me ha pasado varias veces que, al pasar por la caja, la señorita me dé la siguiente instrucción:

—Presione 1 para no pedir vuelto, ponga su tarjeta y luego…

—Yo quiero vuelto. Voy a presionar 2. Y ahí viene la cara de vinagre con el reclamo:

—Ay, es que yo no tengo vuelto —Y una vez más digo: ese no es problema del cliente. El supermercado ofrece como servicio girar plata, si uno así lo desea, y la cajera, al igual que el repartidor de gas, no se ha enterado que cumplir con ese servicio es parte de su trabajo. Si le queda poco efectivo, pida que la abastezcan.

¿De qué sirven tanta tecnología y logística modernas si las personas encargadas de que un servicio funcione ágil lo traban con su proceder negligente?

Hasta pronto.

Doña Clo

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