Esta frase de curaos como a las cuatro de la madrugada refleja lo que quisiéramos decir al gringo Rubio. Después de todo, a lo largo de la historia de las dos naciones hemos sido, con sus bemoles, aliados en los temas importantes. Así es que este arancel de 12,5 por ciento para las exportaciones de productos relevantes para ambos países nos parece bastante unfair. No sólo se verán perjudicados nuestros empresarios y trabajadores, sino también todas las familias que viven de la comercialización de estos productos. Además, se verán perjudicados los importadores y los trabajadores y sus familias en Estados Unidos, y los consumidores que deberán pagar más en el supermercado.
En el caso de la uva de mesa, desde el comienzo de las exportaciones a Estados Unidos, Washington tuvo una relación de cordialidad con nuestros productores. De hecho, el propio vicepresidente de Estados Unidos, en el año 1943, visitó en Llay-Llay, el packing donde se embalaban cajas de uvas con destino a Estados Unidos.
No es plausible el argumento del trabajo forzado. De hecho, al igual que en Estados Unidos, la mayor parte del trabajo agrícola en nuestro país lo hacen extranjeros, quienes voluntariamente vienen a trabajar en el campo, porque encuentran aquí mejores condiciones de vida y de trabajo que en sus propias naciones.
Esperemos que el tío Sam encuentre la brújula que se le ha perdido en el último tiempo y las dos naciones vuelvan a ser amigas en todos los ámbitos. Porque parafraseando a Mateo 4:4, “no sólo de dólares vive el hombre”, también vive de amistad, de lealtad, y “the kind of things that money just can’t buy”, como cantaban los 4 de Liverpool.
El Criticón
