Una película que muestra con metáforas muy amplificadas, casi oníricas, el proceso de duelo que vive el protagonista, quien debe demoler sus estructuras internas para conectarse con el dolor de la pérdida.
David Mitchell, protagonizado por Jake Gyllenhaal, pierde a su esposa en una experiencia traumática. David, en ese momento era un ejecutivo exitoso, que ya se encontraba desconectado de su propia vida, y tras el suceso que cambia su historia por completo, él continúa como si nada hubiese pasado.
La rabia, la pena, y la culpa están ausentes de su registro, y en su lugar se instala una conducta errática e imágenes intrusivas de su pasado. Desconectadas sus emociones y su capacidad de razonar, es su cuerpo el que exige tomar el mando y actuar aquello que no puede simbolizar. Ayudará en este proceso el vínculo con un personaje, tan desconectado y alocado como él, y juntos harán catarsis de sus propios pesares al ritmo del rock.
Si bien el contenido es profundo, y roza temáticas complejas, no sólo el trauma, y el duelo, sino también los conflictos de los vínculos afectivos, la traición, y la homofobia, la película es graciosa, y se digiere con facilidad.
Para quienes disfrutan de las películas rápidas, con bastante acción y elementos disruptivos, les va a gustar, tanto como a quienes les apasiona el análisis psicológico de los personajes, donde encontrarán muchas claves psicoanalíticas y metafóricas del proceso que va vivenciando el protagonista.
La Catadora de historias
