Una catarsis magistralmente escrita, es esta obra de Oscar Wilde. Al redactarla, su intención no era que fuese publicada, sino la de expresar a Alfred, su amante, todo lo que lamentaba haber estado tres años junto a él. Además, siendo Wilde un hombre que se expresaba a través de las letras, narrar todos sus pesares era su medio más natural de exorcizarlos.
A raíz de la relación con Alfred pasó de ser un artista destacado que vivía en la cumbre del éxito y la opulencia, a permanecer en prisión dos años de su vida; lugar desde donde escribe la extensa carta, que de forma póstuma se convertirá en el libro De Profundis.
Durante la relación, Wilde se esmeraba en complacer todos los caprichos de Alfred, lo cual le condujo a la ruina. Lujosos hoteles, restaurantes de moda, viajes; pasatiempos fastuosos de los cuales también disfrutaba el escritor, pues como él mismo confiesa, estaba entregado al placer. Sin embargo, la exuberancia de su vida no lograba aplacar el martirio que vivía junto a su amante, quien constantemente protagonizaba escenas, y daba muestras de un egoísmo infantil. Como Wilde narra en su carta, dio por finalizada la relación en varias ocasiones, cayendo nuevamente en el tormentoso vínculo, en un ciclo que termina cuando es enviado a prisión por el padre de Alfred.
En la segunda mitad de su carta comienza a describir la redención que experimenta al encontrar sentido en la obra de Cristo, a quien ve como un poeta romántico. Inesperada redención para un hombre que se consideraba ateo, aunque lo que parece más curioso, es la forma en que concibe esta aproximación a lo espiritual, desde una mirada egocéntrica, comparándose con quienes no habían vivido este tipo de experiencias, y situándose en un punto de mayor elevación espiritual que aquellos a quienes despreciaba por considerarse seres de una alta moralidad. Desde mi perspectiva, veo que Wilde sí se encontraba en un camino de introspección en esos momentos, pero que era saboteado por sus defensas narcisistas. Y más aún, este camino se inició sin que él lo notase, a partir de su relación con su histriónico amante, pues pareciera que no hay mejor terapia de shock para un egocéntrico que encontrar un espejo que refleje lo peor de sí mismo, donde además obtenga como eco su propio vacío. Que me perdone Wilde; su genialidad literaria no la pongo en duda, tanto así, que esta carta autobiográfica es capaz de reflejar no sólo al sí mismo vulnerable, sino también los demonios internos que le acompañaban, con la misma espléndida pluma con la que retrataba a sus personajes.
La Catadora de historias
