¿Cómo un texto clásico escrito durante la civilización de los antiguos griegos en el siglo octavo a. C. puede mantener vigencia en la actualidad? Por una simple razón: La Odisea, de Homero, es una metáfora de la vida, con valores y desvalores que trascienden el tiempo histórico. El poema helénico del poeta griego simboliza las pasiones humanas en lucha por conservar la autonomía del hombre respecto del designio de los dioses. La astucia, el valor, la lealtad, la traición, el engaño, victorias y derrotas heroicas se conjugan en un juego mortal contra el poder de las deidades bajo las leyes de Zeus, rey de dioses.
El mensaje central de esta obra épica, la lucha de los mortales contra los dioses y la propia contradicción del hombre con el hombre y el influjo de la mujer en su travesía vital, simboliza lavisión que tenía Homero de la existencia, poeta ciego cuya imaginación fue confrontada con descubrimientos arqueológicos que confirman la historicidad de los hechos descritos en la obra que trascienden a través de la poetización de eventos reales. Dioses y héroes son personajes históricos que fueron magnificados y divinizados por sus hazañas, según diversas corrientes historiográficas.
En la trama de la epopeya se dan cita mujeres, humanas y divinas, musas o hechiceras, que intervienen de manera decisiva en la vida de los hombres resignificando su destino. Desde Penélope, esposa de Odiseo -Ulises-, que teje y desteje un sudario mientras dilata su decisión de desposarse con uno del centenar de pretendientes en ausencia de su esposo, rey de Ítaca al que cree muerto. Atenea, diosa de la sabiduría, que protege al héroe del fatalismo existencial decretado por deidades enfurecidas que deciden su destino. Calipso, ninfa que promete inmortalidad y eterna juventud a Odiseo. Circe, hechicera que convierte en cerdos a sus soldados. Sirenas que buscan seducir a los guerreros de Ulises para devorarlos en lujurioso destino.
Toda la magnificencia de los elementos mitológicos descritos en la obra épica de Homero, es escenificada en la película británica norteamericana recientemente estrenada, La Odisea (2026), dirigida por Christopher Nolan y protagonizada por Matt Damon en el papel de Odiseo, narra el largo y peligroso viaje de regreso a casa del héroe griego tras la guerra de Troya mientras intenta reunirse con su esposa Penélope, interpretada por Anne Hathaway.
En su travesía de regreso a casa Odiseo, rey griego de Ítaca, -Ulises, para los romanos-, enfrenta diversos peligros junto a sus hombres. Luego de haber logrado vulnerar e ingresar a la fortaleza sitiada de Troya durante el asedio, gracias al engaño de sus guerreros ocultos en el interior de un caballo de madera, el héroe victorioso saquea la ciudad, la incendia y emprende el regreso a casa. Durante la travesía marítima por el Mediterráneo enfrenta diversos peligros en islas habitadas por cíclopes, hechiceras, monstruos mitológicos, muertos insepultos, fieras salvajes, sirenas y ninfas encantadoras.
Cada amenaza simboliza los riesgos que enfrentan los hombres en este mundo. El cíclope enceguecido por Odiseo con una estaca incandescente motiva la ira de su padre, Poseidón, dios del mar que desata una década de tormentas contra las doce embarcaciones de los navegantes del rey griego. La furia de la deidad provoca la pérdida de toda la tripulación antes de que Odiseo pueda regresar a Ítaca con sus huestes. Una vez más la ira de los dioses impone su fuerza sobrenatural que acosa a los mortales y hostiliza a guerreros premunidos solo de su inteligencia práctica y arrojo ante los peligros de un destino inexorable.
La Odisea alude al tema del poder: ambiciones, contradicciones, heroísmos y traiciones. El designio de un destino siempre implacable de los dioses frente a la resistencia de los hombres, queda en evidencia: Naufragios, héroes, islas misteriosas. Monstruos que representan desvalores y violencias extremos. Cantos de sirenas devoradoras de hombres, mujeres sexualizadas que encarnan la seducción y la lujuria. Ninfas oferentes que prometen la juventud eterna. Cíclopes antropófagos que se alimentan de cuerpos humanos.
Tentaciones y amenazas que desafían la voluntad y ponen a prueba la fortaleza de los hombres que luego de vivir durante 10 años en guerra, regresan a casa en Ítaca y ahí reside el sentido de la obra: el cansancio, la nostalgia, la espera, la necesidad de sobrevivir y recuperar una vida perdida.
Metáforas de la dicotomía entre el bien y el mal. Analogía de la resistencia humana frente a fuerzas superiores. Valores de la inteligencia y astucia, heroísmo en la guerra, lealtad y solidaridad en la paz, son bienes intransables que ennoblecen al género humano desde tiempos remotos.
Odiseo es un héroe complejo no un guerrero común, un ser superior, fuerte, noble, inteligente, astuto que sabe esperar, engañar y ocultarse para dominar a los demás. En esta impronta simboliza la virtud humana que, frente a la fortaleza e inmanencia de los dioses resulta equiparable, y a ratos, superior.
Grandes cuestiones de la experiencia humana
La obra refleja los grandes temas de la humanidad y también las grandes miserias. El complejo de Telémaco en el hijo que busca al padre. La esposa del migrante que espera a su amante compañero ausente. Nostalgia, sentimiento compuesto de Nosto, regreso al que se suma Algia, el sufrimiento por ese retorno.
Aventuras de un guerrero peregrino que debe enfrentar a Polifemo, cíclope hijo de Poseidón, dios del mar, que castiga a Odiseo obstaculizando su travesía marítima. Sirenas que lo quieren seducir con su canto para luego devorarlo. Navegante que sufre el ataque de Escila y Caribdis, dos monstruos marinos en un estrecho entre acantilados.
¿Por qué la tragedia griega continúa influyendo como una obra fundacional tan viva? Este es el momento histórico preciso para revalorizarla por las interrogantes y respuestas válidas aun en un mundo contradictorio y deshumanizado. La Odisea tiene códigos morales en el heroísmo, la hospitalidad y la lealtad entre los seres humanos. La helénica epopeya no solo es una metáfora de la vida, también su parodia trágica.
¿Acaso los hombres en todos los tiempos no enfrentan en lo cotidiano los misterios que rigen la región de los muertos, sin respuesta que satisfaga su asombro ante el designio irrevocable de lo absoluto?
¿No son en su nobleza los héroes referentes humanos para quien en busca de la gloria anhela vivir la encarnación de los ideales más elevados y las pasiones más intensas de su tiempo?
¿No son acaso el deseo, el placer y la lujuria cantos de sirena que subyugan a los mortales sin otro destino que sucumbir devorado ante la debilidad de la carne?
¿Cuántas Penélopes sin tiempo no tejen y destejen el manto de sus sueños en espera del amante ausente que migró en busca de una renovada existencia?
¿No desafían quizá los mortales la irrevocable sentencia del destino, cual ira de Zeus, rey de dioses y máxima ley del universo?
¿No es si no la guerra hija de la codicia, estratagema del exterminio, la peor condena para la dicha y convivencia humanas?
Interrogantes que no alcanzan respuestas que guíen al género humano en la obscura convivencia entre hombres y dioses. La odisea de la vida es una travesía siempre tutelada por la égida de un código de honor insoslayable: búsqueda de la gloria, cumplimiento del deber, venganza como obligación moral. Código influido por las providencias de los dioses que rigen las complejas relaciones entre lo mortal y lo trascendente en esta travesía vital.
Leonardo Parrini, Quito, Ecuador.
