Lo de Unión San Felipe, en este campeonato de Primera B, es preocupante no sólo por el bajo nivel exhibido en su partido de éste sábado, frente al discreto cuadro de Recoleta; inquieta porque va más allá del fútbol, hay una cuestión actitudinal de fondo que quizás conspira para un mejor rendimiento del equipo aconcagüino.
Frente a los recoletanos mostró una vez más una falta de confianza exasperante, que se refleja en la timidez con que enfrentaron el partido. No hay convicción; si bien se va hacia adelante es casi por inercia, con un juego predecible, anunciado (más anunciado que frente de mal tiempo), con muy poca fe en sus capacidades, tanto en lo individual, como en lo grupal. Y creer en el propio potencial es imprescindible si se quieren lograr resultados positivos.
Qué decir del partido, que si bien los albirrojos tomaron la iniciativa al inicio del match, poco a poco se fueron diluyendo y permitiendo que el rival se aproximara a la portería de Cañete.
Otra arista a analizar es la alineación de los de Luvera. Con un medio campo intrascendente, que no pincha ni corta. No se entiende la presencia de Palmieri como titular, ni la ausencia de Jara y León; y especialmente la de B González, que supuestamente llegó como refuerzo.
Así con un Unión San Felipe que no produce mucho y con un Recoleta que venía por el empate, se verificó un primer tiempo paupérrimo y sin jugadas interesantes, salvo aquella cuando Cañete se jugó la vida para contener con su rostro un ataque visitante, que bien pudo ser el 1 a 0, en contra.
En el segundo tiempo, pareció que San Felipe se acordó de su localía y adelantó sus líneas, fue así como tuvo una ocasión inmejorable en los pies de Muñoz, que en la boca del arco no pudo concretar.
Después lo ya conocido, el Uní Uní, se diluye, se desgasta y pierde la fe, ante la impotencia de la hinchada que ve cómo pasan las fechas y el equipo no mejora.
Casi al final del encuentro, ocurrieron un par de situaciones que pusieron cierta emoción, así tenemos que:
Recoleta marcó un gol, que el juez anuló por posición de adelanto, decisión respaldada por el VAR, afortunadamente.
Y por otra parte, se produjo una confusión con un cambio que no tenía espacio para realizarse, pues los metropolitanos ya habían agotado las ventanas para sustituciones.
Y agregar además que no sólo en este hecho, sino que en varias intervenciones, el arbitraje estuvo a la altura del partido: malo.
Por ello el título de esta crónica tomado de un famoso bolero, deja a la hinchada con tan poquita fe, la misma que muestran los jugadores en la cancha… Lo que hace recordar un poema del español Rafael Alberti, «Qué cantan los poetas andaluces de ahora… cantan y cuando cantan parece que están solos…»
Ojalá los jugadores de Unión San Felipe se den cuenta que no están solos, que los escasos 500 hinchas que se dieron cita una tarde tibia de agosto, los reprochan y los alientan a la vez, por el sólo hecho que aman estos colores.
Ofiuco
Fuente imagen: prensafutbol.cl
