
Uno de los mayores placeres es leer mientras viajamos. Más aún cuando observamos la carretera y a través del ventanal ingresan múltiples paisajes llenos de colorido. Así me sucedió cuando viajé hace unos días a Temuco y no pude pegar pestaña porque, tanto la lectura como el paisaje, me invitaban a disfrutar cada segundo. Entre lecturas y miradas me sorprendí soñando con un mundo ideal, construido de libros, sueños y territorios llenos de misterio. En dichas instancias tenía entre mis manos el libro La carretera de Cormac McCarthy (1933-2023, EEUU) la cual se complementó con el panorama sureño. Dicha novela me pareció apocalíptica, desolada y brutal. Me sorprendió su estilo narrativo ya que el autor va describiendo la tragedia en que se encuentran sus protagonistas: padre e hijo envueltos entre la desesperación y la desolación que se evidencia en un viaje sin rumbo aparente. Para tal efecto McCarthy utiliza frases cortas y precisas que sugieren intensidad, inmediatez y la sensación de un peligro inminente, tensionando la lectura a tal nivel que el lector no puede abandonarla. La novela es una exploración a la supervivencia humana y la compleja relación entre un padre y su hijo, quienes viven del recuerdo de días mejores y un presente desgarrador, sin precedentes. De esa manera la historia se construye en base a la supervivencia a la que son expuestos con el único objetivo de salir adelante y liberarse de la pesadilla: el apocalipsis o el fin de los tiempos. A pesar de lo anterior padre e hijo tratan de seguir viviendo de acuerdo a sus valores y deseos, procurando no dañarse ni a sí mismos ni a otros seres que se les aparecen en la carretera. Aunque en ocasiones el padre toma la decisión de matar o dejar morir a alguien, pero como último recurso, priorizando la protección de ambos en un mundo lleno de maldad y violencia. En momentos clave, el hijo le recuerda a su padre donde está la barrera entre el bien y el mal, señalándole la salida sin dañar a nadie. Acaso en estas instancias catastróficas es cuando este autor profundiza en temáticas como el amor, la esperanza, la fe, el miedo y la supervivencia. Al ahondar en la lectura reflexionamos acerca de nuestra moralidad. El autor nos plantea en el “qué haría yo” ante ciertas circunstancias, donde están en juego nuestros valores humanos ante un mundo extraño, violento y profundamente desgarrador. En relación al contexto y ambientación de La carretera, podemos señalar que esta se desarrolla en un mundo post apocalíptico, cuya escenografía es sombría y oscura. La civilización ha desparecido y reina la devastación, la desesperación y violencia. Los protagonistas encuentran ciudades y pueblos destruidos por algo desconocido. Así también el cielo está permanentemente cubierto por nubes y ceniza, por lo que siempre hace frío y el tiempo pareciera detenerse. En cuanto al lugar donde se desarrollan los acontecimientos podemos intuir que es en los Estados Unidos de Norteamérica. Otra de las grandes temáticas que se exponen se relaciona con la evolución del niño ante su propia supervivencia. Al principio de la historia no es capaz de dimensionar lo aterrador y peligroso de lo que están viviendo. Pero cuando se acerca al final de la novela y a pesar de su corta edad, empieza a desprenderse de la protección paterna, aunque sin abandonar su compasión y empatía. Por su parte, el padre también evoluciona. De acuerdo al avance de la historia apreciamos una mayor humanidad, mientras que al principio se presentaba como un hombre de mente fría y acaso guiado por el espíritu de supervivencia. Más adelante comprendemos que todas sus decisiones y acciones están motivadas por el amor hacia su hijo. A continuación, como una forma de hacernos una opinión más acabada de la novela, invito a usted querida y querido lector, a disfrutar algunas frases de Cormac McCarthy. Leamos: “Ojalá mi corazón fuese de piedra”; “Si. Olvidas lo que quieres recordar y recuerdas lo que quieres olvidar”; “De las fantasías diurnas en la carretera no había modo de despertar”; “En la nieve gris una fina bruma de sangre”; “En esta carretera no hay interlocutores de Dios. Se han ido y me han dejado aquí solo y se han llevado consigo el mundo. Duda ¿En qué difiere el nunca será de lo que nunca fue?”; “Oscuridad de la luna invisible. Las noches ahora solo un poco menos negras. De día el sol proscrito circunda la tierra cual madre afligida con una lámpara».
Marco López Aballay
-Escritor-
