Adolescencia de Netflix

Esta miniserie de Netflix ha pegado muy fuerte porque aborda temáticas contingentes de la vida familiar y social en la “aldea global”. Ambientada en Inglaterra, la serie nos relata la vida y los padecimientos de una familia de clase media que tiene que enfrentarse a una situación extrema cuando su hijo de trece años se ve envuelto en un homicidio. La madre, la hermana, y el padre especialmente, sufren con la inesperada situación. El hombre no puede creer las imágenes que ve. Vivimos en un mundo que graba todo; pero también es un mundo que tiene laberintos para los adultos donde los niños y adolescentes se ocultan. Un mundo sin censura, sin autoridad, con códigos distintos. Sin una supervisión adulta, los niños caen en las redes de estos códigos que exigen éxito; con el sexo opuesto, en los deportes, en el aspecto físico. Y cuando alguien no cumple con los códigos de aceptación social suele ser atacado por sus pares: el llamado fenómeno del bullying.

Estamos en una sociedad donde la violencia física y sicológica es como una norma; los niños, (y los adultos) la consideran como algo positivo, hasta entretenido; pero, las consecuencias de esta violencia llevan a situaciones de desadaptación social.

La parte final de la serie es muy conmovedora, pues los padres se cuestionan qué han hecho mal al engendrar un ser que se convierte en un criminal. Nos identificamos con el padre cuando dice que su propio padre solía golpearlo para que entendiera; por esta razón él se había propuesto nunca tocar a sus hijos. Entonces lo padres se cuestionan si fueron sus genes los que incidieron en el comportamiento del niño. Los que tenemos más de cincuenta, en mayor o menor medida, sufrimos, correazos o bofetadas del padre o la madre, pero aquello no nos volvió más violentos, lo entendimos como una advertencia cuando nuestro comportamiento era equivocado. Por cierto, muchos padres se ensañaban con los castigos que surgían de sus propias frustraciones. Al irnos al otro extremo, la cosa se volvió un problema, porque fue como que les diéramos una autoridad que los niños no sabían manejar; los convertimos en reyezuelos.

Hoy por hoy, la epigenética nos dice que en un alto porcentaje no son los genes los que nos controlan, sino que nosotros controlamos a los genes. Todo va a depender de cómo nos representamos el mundo, de cuál es la química en nuestra sangre, si estamos estresados vamos a ver el mundo de una manera, y si tenemos una química saludable vamos a ver el mundo de otra, de una forma más positiva. En suma, nuestra mente controla o modifica nuestra genética, para bien o para mal.

La última escena, cuando el padre entra a la pieza del niño es muy emotiva; recuerda ese niño que alguna vez fue inocente y tierno, que él amó y abrazó. Los padres y la hermana hacen el duelo, y se dan ánimo, porque la vida sigue. Parte de la letra de la última canción en la serie dice: “I would rather see the world through the skin of a child.” 

El Insomne

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