No hay caso con todo esto

Poemas de Cristian Cruz (Bogavantes, 2025)

La primera parte de este libro titulada ¿Te queda vida aún? nos conduce a variadas rutas de lecturas, aunque prevalece la decadencia humana donde el dolor, el abandono y el fracaso adornan poemas que se desenvuelven en espacios vacíos, rancios, al borde del abismo, cuyos personajes sean acaso actores de tercera o cuarta categoría que apenas permanecen de pie, como viejos robles que han sobrevivido a muchos campos de batallas y ahora sus existencias han perdido el asombro, el brillo y su colorido. Lo que queda son escenografías ruinosas, de un mal sueño, sombras y colores en sepia que atraviesan sus pensamientos endemoniados. Aunque a momentos lo que salva es el humor, el hecho de reírse de sus fracasos, limitaciones y porrazos que deterioran el cuerpo y la mente.

Poemas de un cincuentón cualquiera que está quemando sus últimos petardos en un círculo vicioso y acaso enfermizo, aunque consciente del paso del tiempo y del verdadero significado de la vida, la enfermedad y la muerte. En estos versos se la juega para encontrar la excusa perfecta ante lo que llamamos existencia de la condición humana, rutina que amedranta sus días decadentes. Poemas al borde de lo ordinario, podríamos decir, donde el poeta utiliza un lenguaje en picada, con expresiones que fluctúan entre el humor, la descripción distorsionada de sus movimientos zigzagueantes, aunque con soltura y aparente espontaneidad, donde la poesía se convierte en crónica o en descoloridos cuadros que cuelgan en una pieza de 2 x 3: la de un fracasado, un actor porno, un profesional jubilado, un desempleado o un cantor a lo poeta. Pero el ritmo es contagioso, así como sus temáticas que danzan en espiral al estilo de los cuentos de Cheever o los poemas de Carver: intensos, ácidos, oscuros y malolientes. Leamos: La congeladora se fue en un camión tres cuartos / y ella se fue con esa congeladora. / Me había costado un mundo llegar con el artefacto a la casa / juntar la plata del pie, / el flete, súper caro desde la ciudad. Ella quería a toda costa esa congeladora, / llenar el espacio en la cocina, conservar algo allí.  / Me la llevo, se acabó.  / Dale, no olvides que aún la estoy pagando.  / Me la llevo ¿entiendes? Estoy harta de ti. / Dale, puedo comprar hielo en el almacén, / puedo comprar chocolates, cervezas y sentarme a esperar / a que ese camión regrese y asome la trompa por el antejardín.

Existen poemas autobiográficos con elementos claves de su existencia: ex amores, matrimonios fallidos, casas abandonadas, bienes materiales, llamadas telefónicas, palabras y gestos que perduran en la retina y vuelan por los aires de una ciudad cualquiera. Cristian Cruz se atreve, encara el pasado y su destino, lo describe a su manera y juega con la baraja de naipes a modo de experimento: escritura + vida + enfermedad + vicios, + muerte + felicidad= reinventarse en el oficio y en la vida, sobrevivir al caos cotidiano y lanzarse en pelotas sobre las olas de la literatura. Leamos: De nuevo agarrándome con la madre de mis hijos. / Los teléfonos deberían desaparecer, / al menos los de la gente divorciada.  / Cuelgo y quisiera no haber vivido en una época /atestada de teléfonos.  / ¿Cuántos números has tenido? No lo recuerdas.  / ¿Cuántas llamadas así? Mejor olvidarlas.

Poemas honestos, valientes, arriesgados, juguetones, aunque no menos profundos y bellos a la vez. El poeta encara a sus fantasmas, sus miedos y fracasos apelando a la libertad del cuerpo y del espíritu. Como un adolescente que se reencuentra después de mil años y camina a pasos de ciego en la búsqueda de su propio destino.

Marco López Aballay

-Escritor-

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