Dos damas y un “caballero”

Como decía uno de los integrantes del lindo grupo argentino Sui Generis en uno de sus recitales setenteros, algo así como, “escríbelo porque después queda, viste”. 

En un artículo que escribí antes del fraude electoral en Venezuela reproduje las palabras de la hoy presidenta de Venezuela, cuando se les negaba el acceso al país del Puma a muchos observadores internacionales: “Aquí no puede entrar cualquier persona, ¡Venezuela es tierra sagrada!, no pueden entrar fascistas-nacistas de Europa o Sudamérica”.

Bueno, resulta que el fascista imperial entró por la ventana se llevó a su presidente y esposa, se apoderó de su petróleo y se autoproclama el dueño del país.

Por otra parte, María Corina también escribe su propia teleserie. Muchos la valoramos por su valentía para oponerse a la tiranía venezolana. Por eso le otorgaron el premio Nobel de la Paz, uno de los más altos, si no, el más alto honor que puede recibir un ser humano, y qué hizo ella, sin hacer caso a las prohibiciones de Noruega, corrió a Washington y se lo entregó de rodillas al “caballero”, qué vergüenza, qué humillación. 

Entonces Delcy que no es tonta ni perezosa dijo: si yo voy a Washington voy a ir de pie y con la frente en alto, no me voy a arrodillar, (aunque tenga que hacer todo lo que me diga el caballero) y ahí, sacó los aplausos más genuinos de esa puesta en escena falsa en su cuenta pública. 

Ni los rogelios, que se mantienen con un signo de interrogación gigante, ni nadie, sabe lo que va a pasar en el próximo capítulo de esta teleserie venezolana.

El Criticón 

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