Encuentros con perros notables

Tanto se ha dicho de los perros, casi siempre todo es bueno; aunque, por supuesto, los perros en determinadas circunstancias pueden hacer mucho daño, incluso causar la muerte. Quedémonos con lo que dice Larra: “quien no ha tenido un perro no sabe lo que es querer y ser querido”. En estas anécdotas quiero destacar lo amables y desinteresados que son. Un día tuve que viajar al puerto, a un lugar un tanto alejado de los puntos más turísticos y seguros de Pancho. Me encontraba en una de esas calles abandonadas y decadentes; sentía una sensación de temor, de pronto me encuentro con un perro que me queda mirando a los ojos. Instantáneamente me comienza a seguir; cada cierto tiempo me mira y me transmite seguridad. Estoy a unas quince cuadras del terminal de buses. El ambiente no es bueno, hay personas bebiendo alcohol en la calle, otros macheteando. Caminamos a buen tranco hasta que llegamos a la plaza O’higgins, que está a unos metros del terminal. Tengo hambre, decido comprar una pizza individual, me siento en una mesa al exterior del restaurant. El perro se sienta a mi lado. Le dejo un pedazo de pizza en el suelo para que coma. Le da una olfateada poca y la rechaza. Me espera a que termine de comer. Me acompaña al terminal. En la puerta del terminal me mira por última vez, se da la vuelta y retorna a sus calles, le agradezco la compañía. 

La segunda anécdota tiene que ver con la foto, es real, no hay intervención de la inteligencia artificial. Entré al MUT, por un acceso de la calle El Bosque Norte, y una de las primeras imágenes que veo es ésta del perro blanco sentado frente a su compañero con una cara de felicidad a flor de pelos. Deambulo un rato por ese lugar, digamos súper moderno, que tiene cierto encanto, y luego pienso, ¿Cuánto nos enseña el perro con esa actitud? Y pensar que en otra parte del mundo la gente está matando y bombardeando como locos. Deberían sentarse a la mesa con este perro. 

Antonio V.

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