Las ciclovías del centro van en un solo sentido; sin embargo, muchos ciclistas las utilizan en ambos sentidos. Entonces uno como peatón tiene que estar bien atento y mirar para ambos lados antes de cruzar la calle. Hace unos días, a una joven que venía contra el tráfico en su bicicleta le dije, no se puede andar en esa dirección; ella me contesto, no importa, con un tonito agudo e irónico alargando las sílabas. Entonces le dije, sí importa, con un tono un tanto más grave; ella terminó diciendo, nooo importa, con su tono de ironía.
Estamos en una existencia donde a mucha genta las normas no le importan en lo más mínimo, es una suerte de nihilismo. La gente hace lo que se le da la gana. Meten ruido con los escapes de sus autos y motos, andan a toda velocidad por donde no se puede, en fin.
Y qué decir con los trágicos acontecimientos del partido entre Colo-Colo y Fortaleza, lamentando las muertes del niño y la niña ocurridos en las afuera del estadio.
A los muchachos y muchachas que ingresaron en “avalancha”, como ellos mismos califican; y luego destruyeron y robaron, a ellos tampoco les importan sus actos.
Cuánto tiempo llevan haciendo esas estupideces y las autoridades de los clubes y del estado no han podido hacer algo para revertir la situación.
El problema viene desde hace años. Cuando en el país se justificó y se solidarizó con la violencia. Ese perfil de jóvenes, por así decir, que quemó, saqueó y destruyó lo público y lo privado, es el mismo que llama a las “avalanchas” para ingresar al estadio. En ambos casos, como bien se sabe, estos niños estás adoctrinados y movilizados por personas mayores.
Hoy todos catalogan a los que entraron a la cancha como delincuentes, pero hace cinco años, para muchas personas, los que destruyeron, quemaron y saquearon, eran los héroes que nos conducirían a un mundo mejor.
Lo que necesitan esos niños es educación, contención, afecto, y no permitir que gente mayor los utilice; ahí estamos al debe.
Por suerte también me tocó hace unos días ver la otra cara de la moneda. Una joven que iba en patines por la ciclovía en la dirección correcta, llevaba a un perro con su respectiva correa, el perro iba por el pasto, y no obstaculizaba la ciclovía; muy bien le decía ella, como diciendo, eso es lo que debes hacer. El perro iba trotando con cara de felicidad.
A mi conejo también le he enseñado que debe hacer sus necesidades en una cajita, y él sabe que debe hacer sus lulos ahí, y no en otro lugar de la casa. Entonces hasta los conejos no se k…n en el piano, si son bien educados.
El Criticón
