A diferencia de la superproducción de Wolfgang Petersen, con Brad Pitt, como Aquiles, y Peter O’toole, como Priamo, rey de Troya, esta serie de ocho capítulos dirigida por Owen Harris y Mark Brozel, más sencilla en su puesta escena, menos teatral, menos lírica también, con una representación más “humana” de la gran obra de Homero, y que en ciertos capítulos dan ganas de desecharla por su lentitud y sus defectos, termina por atraparnos, porque estamos ante el gran drama de los comienzos de nuestra civilización. Hay también más mística y misticismo, los dioses paganos son representados por hombres y mujeres, y ellos también se equivocan con sus presagios. La serie es cruda al extremo; en especial las imágenes de Agamenón frente a su hija, y hacia el final, la de Ulises con el hijo de Héctor. Vemos a un Paris mucho más pasional e impulsivo. Elena es tironeada por los dos bandos de la guerra; por su nuevo amor y su gente; y por los griegos, su propio pueblo. Ella oscila entre el amor y la traición. Aquiles y Patroclo son actores de raza negra y las amazonas son diestras guerreras que ayudan a los troyanos en las batallas.
Aunque se cree que los hechos ocurrieron en el siglo XIII antes de Cristo, a juzgar por lo que vemos en el mundo hoy, los humanos no hemos evolucionado mucho que digamos; o tal vez, nunca evolucionaremos. Y en cuanto a la guerra misma, es el ingenio de Ulises el que le da la victoria a los griegos. La moraleja para nosotros los mortales sería, no aceptes un regalo de tu enemigo, especialmente si es un caballo.
El Insomne
