Es la educación, estúpido

Parafraseando el lema que se hizo célebre durante la campaña de 1992 y que llevó a Bill Clinton al poder: “es la economía, estúpido”. En nuestro caso, si bien hoy por hoy la economía es el gran dolor de cabeza de gran porcentaje de la población; donde estamos verdaderamente al debe es en educación, especialmente en la educación pública. Los problemas son diversos: el ausentismo escolar, la influencia del uso de teléfonos celulares en los estudiantes, la obesidad infantil, falta de horas de deporte y actividad física, falta de medios para apoyar a los alumnos con neurodivergencias, altos niveles de estrés en el profesorado, bajos niveles de comprensión lectora, en fin.

Si bien todos los candidatos en la última elección presidencial se comprometieron con el apoyo a la lectura, poniéndose metas como, por ejemplo, que todos los niños comprendan lo que lean antes de finalizar segundo básico para el 2030, esto, al parecer, no pasa de ser una iniciativa para la foto, como muchas otras; recordamos, por ejemplo, el maletín literario, impulsado en alguna oportunidad. Es necesario hacer una bajada, meter las patitas al barro. 

El tema de la lectura en la educación pública tiene tres componentes básicos: la dirección del establecimiento, los profesores, y quizás en mayor medida, el esfuerzo cotidiano de los padres para leer a sus hijos y estimularlos para que la lectura sea un hábito en sus vidas. Entonces si una o más de estas patitas fallan, el objetivo no tendrá éxito. Es preciso que las tres partes “hagan su pega”, como se dice hoy; por supuesto, no todos los estudiantes van a convertirse en lectores del Ulises de Joyce, pero la mayoría tendrá un nivel de comprensión lectora que le ayudará en las distintas actividades en sus vidas.

La educación es sin dudas lo más importante en un país; una población educada se alejará en gran medida de las lacras que tiene los países subdesarrollados; como la delincuencia, el narcotráfico, la violencia. También es necesario que todos estemos de acuerdo en algunos temas básicos, como, por ejemplo, que no se puede apoyar a los alumnos que organizan paros indefinidos, destruyen sus establecimientos o que utilizan bombas molotov para revindicar el derecho a una educación pública de calidad.

Por lo general, estamos frente a una educación anacrónica. Extensas horas de clases donde se aprovecha muy poco del tiempo en los contenidos. Sería interesante hacer un estudio estadístico, con respecto a cantidad de tiempo que se aprovecha en cada hora y media de clases. Un porcentaje de ese tiempo que se desperdicia en las aulas podría destinarse a la convivencia, al ejercicio físico, a como propuso un amigo, al humor; o al análisis de sueños, parece excéntrico, pero hace un siglo que sabemos la importancia del inconsciente y los sueños para la salud de las personas.

No vemos, sin embargo, mucho interés en los candidatos en profundizar en el problema de la educación. Vemos mucha confrontación, muchas amenazas, el otro sigue siendo el enemigo, amenazas de “hacer la vida imposible”, avizorar “golpes de estado”, uno blanco y otro negro, en fin. “Es la educación, estúpido”.

Citadini

Fuente imagen: mediomundo.uy

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