Juan Segura, el implacable

Aunque no lo crean un atorrante como yo, también se interesa por la cuenta pública presidencial; en eso estaba cuando escuché que Otto ladraba con insistencia en la puerta de mi humilde casa.  Me levanté con curiosidad, para ver de qué se trataba.

-Qué pasa, Otto, tanto que ladras.

-Estoy creando mi propio escudo fronterizo -informó Otto, y se puso a escarbar con tanta fuerza, que una piedrecillas golpearon el plástico de la ventana.

-Y ahora qué haces, Otto -pregunté con energía.

-Estoy haciendo una buena zanja, no estás viendo.

-No hay para qué esforzarse tanto -expliqué-, ¿acaso no has oído del Plan Implacable?

-Qué plan, ni qué plan, se nota que no te informas.

-Claro que lo hago -respondí con algo de vergüenza.

-El gobierno informó que ocupará  la misma política de seguridad del gobierno anterior -informó Otto con seguridad. Y ladró con ironía, como es su costumbre cuando algo no le parece bien 

-Algo te molesta, Otto, cuéntame, de qué se trata.

-Claro que estoy molestó -contestó, mientras sus ladridos subían de volumen.

-Entonces…

-Tanto que hablaron y hablaron de seguridad, y ahora salen con esto. Tendré que seguir con mis rondas de media noche -aseguró con rabia.

-Para eso eres un perro guardián -bromee, para calmarlo.

-Pero soy yo el que tiene que salir al frío a ladrar -retrucó molesto.

-Para tres ladridos guachos que das -seguí bromeando.

-Con menos se hace más, dijo el ministro -aseguró, Otto.

La broma dio para unas buenas carcajadas, que terminaron cuando nos dimos cuenta que la temperatura había bajado notoriamente.

-Entremos, Otto, hay que cuidar la salud, y está haciendo mucho frío -expliqué con cariño.

-Pero, si el cambio climático no existe, lo dijo la ministra -aseveró Otto, con un ladrido divertido.

Las carcajadas fueron más breves está vez, pues le tuve que informar a mi quiltro que ya no tenía trabajo.

-Ese no es problema -sentenció, Otto.

-¿Cómo no? -interrogué, verdaderamente preocupado.

-Es que me apituté -contó con satisfacción.

-En qué? -exclamé intrigado 

-De perro detector de drogas…

-En serio, Otto.

-En serio… Y vamos a ver la cuenta mejor, capaz que tengamos buenas noticias para los atorrantes -y se fue moviendo dubitativamente su cola.

El Atorrante

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