Aunque no lo crean un atorrante como yo, también se interesa por la cuenta pública presidencial; en eso estaba cuando escuché que Otto ladraba con insistencia en la puerta de mi humilde casa. Me levanté con curiosidad, para ver de qué se trataba.
-Qué pasa, Otto, tanto que ladras.
-Estoy creando mi propio escudo fronterizo -informó Otto, y se puso a escarbar con tanta fuerza, que una piedrecillas golpearon el plástico de la ventana.
-Y ahora qué haces, Otto -pregunté con energía.
-Estoy haciendo una buena zanja, no estás viendo.
-No hay para qué esforzarse tanto -expliqué-, ¿acaso no has oído del Plan Implacable?
-Qué plan, ni qué plan, se nota que no te informas.
-Claro que lo hago -respondí con algo de vergüenza.
-El gobierno informó que ocupará la misma política de seguridad del gobierno anterior -informó Otto con seguridad. Y ladró con ironía, como es su costumbre cuando algo no le parece bien
-Algo te molesta, Otto, cuéntame, de qué se trata.
-Claro que estoy molestó -contestó, mientras sus ladridos subían de volumen.
-Entonces…
-Tanto que hablaron y hablaron de seguridad, y ahora salen con esto. Tendré que seguir con mis rondas de media noche -aseguró con rabia.
-Para eso eres un perro guardián -bromee, para calmarlo.
-Pero soy yo el que tiene que salir al frío a ladrar -retrucó molesto.
-Para tres ladridos guachos que das -seguí bromeando.
-Con menos se hace más, dijo el ministro -aseguró, Otto.
La broma dio para unas buenas carcajadas, que terminaron cuando nos dimos cuenta que la temperatura había bajado notoriamente.
-Entremos, Otto, hay que cuidar la salud, y está haciendo mucho frío -expliqué con cariño.
-Pero, si el cambio climático no existe, lo dijo la ministra -aseveró Otto, con un ladrido divertido.
Las carcajadas fueron más breves está vez, pues le tuve que informar a mi quiltro que ya no tenía trabajo.
-Ese no es problema -sentenció, Otto.
-¿Cómo no? -interrogué, verdaderamente preocupado.
-Es que me apituté -contó con satisfacción.
-En qué? -exclamé intrigado
-De perro detector de drogas…
-En serio, Otto.
-En serio… Y vamos a ver la cuenta mejor, capaz que tengamos buenas noticias para los atorrantes -y se fue moviendo dubitativamente su cola.
El Atorrante
