Es admirable cómo María Corina Machado luchó y sigue luchando por lograr que Venezuela tomé la senda de la democracia y el respeto a los derechos humanos. Sin embargo, desde la distancia se observaba que ese exceso de positivismo reflejaba cierta ingenuidad. Con todo el juego sucio que ha caracterizado al chavismo en los últimos años, era muy difícil apostar que reconocerían la derrota y dejarían el poder. Es evidente que el régimen de Maduro y su círculo se mantiene por la fuerza de las armas y por el miedo que infunde en la población; igual como se mantienen en el poder los únicos mandatarios latinoamericanos que asistieron a la ceremonia, el de Cuba y del Nicaragua. China y Rusia, por los intereses geopolíticos y económicos enviaron a funcionarios de menor rango. Lamentable es que el PC chileno, que es miembro de la coalición que nos gobierna siga apoyando a estos regímenes que violan las libertades básicas de los pueblos y los condenan a la pobreza. Si bien Machado pecó de ingenuidad, no sabríamos cómo calificar la espera de las actas por parte del PC chileno.
Pero quien ha sufrido más, y esto lo saben bien en Venezuela y en el extranjero, es el pueblo venezolano, que luego del triunfo en las urnas, tenía la última esperanza de vivir en un país libre y soberano. Se estima que se producirá otra migración, con millones de personas dejando el país, con los desafíos sociales que eso significa para los países donde llegarán estos migrantes incluyendo al nuestro. Esperemos que en el futuro los anhelos de Corina Machado se vuelvan realidad y millones de venezolanos repartidos por el mundo puedan volver a su país.
El Criticón
