Esta serie dramática de Netflix en siete capítulos creada por Scott Frank, nos pinta un western bastante crudo sobre las andanzas de un pistolero malvado, Frank Griffin y su banda de forajidos. Griffin adopta a un huérfano, Roy Goode, y lo convierte en su hijo. En el alma de Roy, en su conflicto moral, siempre está latente el bien. Roy Goode representa el arquetipo del pistolero diestro y asertivo, desinteresado y magnánimo. Luego de robarle el dinero de un asalto a Frank, Roy huye y se esconde en la casa de una mujer; mientras tanto, conocemos a los restantes personajes de la trama, hasta que llega el momento de enfrentar al padre adoptivo. Ambientada luego de la guerra de secesión, donde la ley se ha vuelto frágil y relativa ―y el ejército está más preocupado de extender el territorio de la nación―, la serie nos presenta una Weltanshauung, digamos un tanto permeada por la idealización de nuestros tiempos. Hay un contacto forzado entre la raza blanca y la negra, también entre la raza blanca y los nativos norteamericanos, se destaca la sabiduría mística y sobrenatural de los pueblos indígenas. No se esconde el amor entre personas del mismo sexo y a las mujeres se las representa en algunos casos más empoderadas, liberadas, y también rudas. La música es, digamos, placentera, y las imágenes del centro sur de Estados Unidos se vuelven idílicas.Podríamos hacer un símil de la relación de Griffin y Goode, con la de jefes de bandas delictuales del presente y los jóvenes que reclutan para sus fechorías, solo que en nuestros tiempos y en nuestra realidad, se ve difícil que el hijo adoptivo, en estos casos, resuelva el conflicto de una manera freudiana, por así decirlo, para el bien de la sociedad.
El Insomne
