Escuchar la conferencia de Gareca, explicando el porqué de la alineación de la selección chilena, para su partido frente a su similar de argentina, trae a la memoria el popular dicho, dale con que va a llover. Cómo se puede entender que aparezcan como titulares jugadores que tienen un bajo nivel en sus clubs, y otros como Loyola de gran nivel en Argentina como centro campista, juegue en la selección como lateral, ¡Inentendible!
Más aún si se jugaban puntos vitales, para quedar con vida de cara a las últimas fechas de las clasificatorias mundialistas.
Al igual que el poeta Óscar Hahn, creo que frente a este resultado: la muerte está sentada a los pies de mi cama/Ella insiste y replica que esta noche es la fecha/Que esta noche me ama.
Y si bien esta noche no fue la fecha, la eliminación del próximo mundial sigue sentada a los pies de la cama.
El gol del argentino Julián Álvarez, en el minuto 17 del primer tiempo, nos pareció una paletada que echó el panteonero/ ( Pezoa Véliz), y si seguían cayendo goles, siguiendo los versos del poeta, nadie hubiese dicho, nada/ni el vecino Pérez, ni el vecino Pinto/
El segundo tiempo fue otra historia, otro Chile. Se vio un equipo de fútbol jugar al fútbol. Qué pasó, qué provocó este cambio: primó la lógica, los jugadores volvieron a sus puestos habituales: la zorra pobre al portal/la zorra rica al rosal, diría Serrat.
En este nuevo escenario, Chile equiparó el partido, llegó al arco rival, tuvo una que otra oportunidad de lograr la paridad, pero, careció de efectividad, de un hombre gol, de un centrodelantero de oficio.
Las voces de la fiel hinchada insistía en cantar, «vamos, vamos chileno, que esta noche tenemos que ganar». Voces que se fueron apagando con el correr de los minutos, sin lograr el resultado deseado, porque ya estaba escrito que aquella noche… (José Alfredo Jiménez).
Ofiuco
