Osho, ese gurú que engrupió a tantos, creó una ciudad, se hizo de autos lujosos y de millones de dólares, tenía razón en muchas cosas, pero sólo razón. Detestaba a mucha gente, a los políticos, por ejemplo, a los políticos de Oregón donde instaló su secta. En su libro El peligro de la Verdad, entre otras cosas afirma: “El político pertenece a un tipo determinado. Es el mismo que el del delincuente”, “Ambos buscan el poder, ambos están dominados por el ansia de poder”. “El político puede volverse un delincuente en cualquier momento”. “El delincuente es más inculto, no sabe valerse de la cultura para conseguir su propósito como hace el político”. “Los políticos, básicamente, son delincuentes. Buscan el poder con métodos legales; esa es la diferencia”. No se puede generalizar en este punto; sin embargo, a medida que se va destapando la olla del mundo público y el mal olor se esparce por todas partes, algo de razón le encuentro al gurú. Y el problema de la apropiación de lo ajeno no es sólo patrimonio de los empleados públicos, también en el mundo privado pasa lo mismo; siempre hay artimañas para realizar contratos jugosos entre privados y con el estado. Estamos en el mundo de los más vivarachos; aunque, sin necesidad de recordar a Santos Discépolo, la cosa siempre ha sido igual. Cito aquí la misma frase que cita Osho de Lord Acton: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
En este libro Osho relata una experiencia de su adolescencia que refleja una proyección de su propia sombra y explica quizás porque detestaba a cierto tipo de personas. Cito textual: “Me acuerdo del pobre hombre que era mi profesor de geografía. No sabía cómo actuar porque yo había cogido algo del compañero que estaba sentado a mi lado. Le había cogido dinero del bolsillo y este profesor me estaba diciendo: “No hagas eso”.
Yo repliqué: “Eso no es problema suyo”. “El dinero no es más que dinero, es de aquel que lo tiene. Ahora es mío. Puede que hace unos momentos fuera suyo pero ahora lo ha perdido. Tiene que estar alerta. Si quiere aconsejar a alguien, aconséjele a él”.
“Para empezar, ¿qué necesidad hay de traer tanto dinero a clase de geografía? No hay nada que comprar, nada que adquirir, no vamos a ir de compras. ¿Por qué se trajo aquí este dinero? Pero si se lo trajo debería estar alerta. No es mi culpa, es culpa suya, yo simplemente me he aprovechado de ello, estoy en mi derecho. Todo el mundo tiene derecho de aprovecharse de las situaciones””.
Entonces para el gurú, la ocasión hace al ladrón, y camaleón que se duerme se lo lleva la corriente.
El Criticón
