En esta serie de artículos iremos contando la vida de Roque Castro e incluiremos un poema en cada entrega. Estos poemas fueron descubiertos por Ricardo Ruiz Lolas entre las pertenencias de su padre, el gran escritor Carlos Ruiz Zaldívar. Llegaron a nosotros gracias a la gentileza del nieto de Roque Castro, Günther Webber.
Roque Castro Gutiérrez nació en Curicó. Realizó sus estudios de preparatorias y humanidades en el Liceo de Hombres de su ciudad natal. Se recibió de Profesor de Estado en Castellano, Literatura y Filosofía, en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.
Estos poemas al parecer pertenecieron a un libro o a una antología. Comenzaremos con El Poema sin Nombre, en la página 4. Hemos transcrito fielmente los poemas manteniendo la puntuación de acuerdo con las copias que nos llegaron.
Poema sin Nombre
Fue una noche de opio
en un fumadero chino…
hace ya tanto tiempo,
que no recuerdo donde,
en qué playa lejana
o en qué puerto maldito
nos clavaba la dura aventura
su puñal.
Era yo marinero
de un bergantín de bruma:
para mis sueños muertos,
siniestro Capitán.
Ondulante y severa,
con andar de sonámbula,
llégose hasta mi lado
una mujer…
Eterómana y triste,
dibujaban sus labios
un ancla de dolor.
Eran sus ojos negros
como las mariposas
de sueño de la noche.
(La palidez del ámbar
tenían sus mejillas)
…Y su voz dolorosa
la siento todavía
cual doblar de campanas
al fondo del olvido…
“Más allá de las islas,
llévame marinero”,
me decía temblando
con el eco más blando
Recogido en su voz.
“En un país de olvido,
en un puerto extranjero
quiero ahogar un recuerdo
de gloria y de dolor…”
Se murió entre mis brazos…
esa noche… Su llanto
como a través de un sueño
se halla unido a mi vida!
Yo la atraje temblando,
con oscuros deseos ahogados en ron,
y al decirle eres mía
en la sala desierta
se cerraron sus ojos…
para besar mejor!
Esas cosas, amigo,
han pasado, están lejos.
Los inviernos se anudan
al corazón cobarde,
cada día que pasa
nos quedamos más viejos
-me decía Jim Holt,
en el fondo del bar,
y encendía su pipa
con cerrado entrecejo,
con el gesto estatuario
de los hombres del mar.
