Anoche soñé con Jeanette Jara, no es broma, en los sueños nos relacionamos con personas que tal vez jamás veremos cara a cara. Pero en el sueño yo estaba sentado frente a frente con Jeanette Jara. Le preguntaba cómo creía que le había ido en el debate: “Cómo crees tú”, me decía, y luego agregaba, “mal poh”. Pero con una sonrisa en el rostro, que demostraba calma y seguridad. Sentía que era una buena reacción, pues como decía el padre Hurtado ante las adversidades, “contento, Señor, contento”.
El debate me hizo recordar mis años de colegio. Primero el formato me pareció malo, y esto se reflejó en unos dos tercios del tiempo. Fue como si les dijeron, “ya cabritos, aquí están los guantes, y agárrense a combos, respetando las reglas del combate”. Así hacían en mi colegio, cuando dos alumnos querían pelear. Entonces, la primera parte fue una maraña de aletazos donde no se veía nada claro, y la verdad que llegaba a dar vergüenza, tanto así que uno de los periodistas tuvo que llamarles la atención, diciendo que probablemente había jóvenes viendo el debate y debían dar un buen ejemplo, o algo así. Le dije a mi mujer que no sería político ni aunque me pagaran una fortuna. “¿Ni aunque ganes el sueldo de un presidente?”, me dijo, “Ni aunque gane el sueldo vitalicio de un expresidente”, respondí. “¿Ni aunque te puedas comprar un autito nuevo?”. “Ni eso”, respondí, “aunque yo nunca he dejado de pagar el tag con mi cacharro”.
El rubio de ojos azules, que mi colega el Atorrante detesta, por lo menos despejó todos esos rumores que corrían, que no iba a respetar las leyes aprobadas y esas cosas. De hecho, un colega me dijo que iba a votar por Jara porque decían que Kast iba a suprimir la gratuidad en las universidades. Mejoró bastante, pero persiste en él esa pulsión de camorrero; si gana, veremos cómo se comporta el gallo en la pelea.
Ya no estoy creyendo eso de que la campaña es en poesía y el gobierno es en prosa. Me parece que la campaña es en “carrilería”, inventando un término. El tema de la migración es un tema difícil. No tenemos el poder de Trump, quien a pesar de hacerle la guerra a Maduro, simultáneamente le manda sus malulos de vuelta. Debe ser por el petróleo. Sacar a los indocumentados, con un avión repleto diario, tomaría tres a cuatro años, pero eso no es sueño, eso es quimera, partiendo porque Maduro no los va a recibir. Un sueño sería que Maduro y sus secuaces dejaran Venezuela y se reestableciera la democracia, difícil, muy difícil, como dice la canción. Separar a los hijos de sus padres no es una buena idea. Tal vez si al Atorrante y a mí nos contrataran les podríamos dar buenas ideas.
Una de las intervenciones que más me impresionó fue el minuto final de Jara, ni un Chicago boy lo hubiera puesto más claro, capitalismo neoliberal puro y duro. El título lo explicaré en otra columna.
El Criticón
Fuente imagen: latercera.cl
