Los leones de la plaza, parte 2

(Continuación) Como en el 68 o el 69, sí, en el período de la gran sequía, entonces se construyó el galpón para las canchas nuevas, y la estructura del casino. Todo quedó a medio camino, no se pudo terminar. Por años quedó así. Se jugaba como siempre en la cancha vieja. Yo diría que como en el ochenta y dos o el ochenta y tres la cosa comenzó a cambiar. Aparecieron por el club tres de los nietos que entonces tenían más de veinte, la tercera generación. Querían jugar. Al principio los viejos no los dejaban, pero los jóvenes eran insistentes, y pacientes. Como los viejos comenzaron a perderse, y a morirse, ocurría que algunos días faltaban jugadores para comenzar los partidos y no les quedó otra alternativa que permitir que entraran los jóvenes. Y desde entonces el club tuvo más vida. Sangre nueva. Volvieron a jugar adultos que por cosas del destino habían hecho un receso. Conversando y conversando, se pusieron de acuerdo para terminar las instalaciones. En menos de un año se inauguraron las nuevas canchas y el flamante casino. Las familias compraron mesas y sillas, en fin. Al año siguiente ya se hacían campeonatos con equipos de toda la zona central. Sí, claro, un equipo llegó a estar entre los tres mejores del país. Fue la época dorada. Prácticas cinco veces a la semana. Campeonatos internos, juegos de salón, comidas con las familias, un par de seleccionados chilenos. Duró unos veinte años, nada. Un día la estrella del club decidió no jugar más. Se desarmó el mejor equipo, y eso desencadenó el colapso deportivo. Ahora, los giocatori están más viejos, entre 55 y 70, juegan todavía, una o dos veces por semana, pero ya no van a campeonatos. Como a eso de las nueve de la noche llegan al club. Primero se sientan a conversar, fuman, beben, vino, principalmente, aunque algunos siguen con Ginger-ale o Coca-Cola.  Yo digo que el club se está muriendo lentamente. Casi no vienen los de la cuarta generación. Y si lo hacen es por un lapso breve. Los muchachos saludan y se quedan charlando unos minutos, luego se van en busca de mejores aventuras. Además, no pueden jugar, porque queda una cancha habilitada, se repite la historia. Si me sacara el loto, lo primero que haría sería arreglar la otra cancha, para que pudieran jugar los mirones, así no se perdería la tradición. Para colmo han instalado un casino a pocos kilómetros. Varios están enviciados y han dejado de jugar. Hablan de las máquinas, del póker, y esos temas; de las mujeres hermosas que ven, acaso soñarán que las niñas se van a enamorar de ellos.            

Además del fútbol, un par de temas suelen ser frecuentes en sus conversaciones. El trazado de la carretera, y los leones de la plaza. Llevan como diez años hablando de la nueva autopista. Que si va a pasar cerca del río o cerca de la vía férrea. La gran mayoría siempre ha querido que pase por el borde río: de esta manera no divide en dos al pueblo. No obstante, unos empresarios poderosos hacen todo lo posible para que no pase cerca del río, pues, además de arruinar la vista y la tranquilidad de sus parques, arruinará el ecosistema fluvial. Los poderosos se las han arreglado para que la decisión final se haya postergado tantos años. Política y negocios van de la mano, dicen algunos. En mis tiempos de regidor no contaba tanto el dinero, uno no era otra cosa que un servidor público, nos creíamos el cuento de la ética. Qué enigma esto de las carreteras: todos quieren tener autos, pero nadie quiere que los caminos pasen cerca de sus propiedades. El problema entre ambos bandos ha pasado por momentos candentes; con barricadas, (detesto las barricadas con neumáticos incendiándose), y amenazas de disparos, mucha pasión y poca razón. Objetivamente pienso que debería pasar por borde tren, alejando el trazado del pueblo, el daño ambiental sería menor. Pero no digo nada, me van a hacer callar, diga lo que diga… (Continuará)

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