(Continuación) El otro tema que apasiona es el de los leones, los leones de la plaza. Dicen que en la plaza hubo un par de leones: es decir, las esculturas de un par de leones, y que desaparecieron mientras se reparaba la plaza durante el régimen militar. Recuerdo que pusieron unos paneles de madera en los costados de la plaza, entonces no se apreciaban los trabajos; así que de un día para otro desaparecieron los leones. Pero la memoria es engañadora, no se han puesto de acuerdo dónde estaban los leones. La memoria esta determinada por nuestra representación del mundo; aquello que experimentamos en nuestros primeros años, por ejemplo, estaba determinado por nuestra propia subjetividad infantil. Si yo fuera a Croacia hoy, el espacio donde transcurrió mi niñez me parecería muy diferente. O cuando vemos una película por segunda vez, ya no la vemos con la misma ansiedad, no es como si entráramos en un sueño, y la segunda vez observamos cosas que antes no habíamos percibido. Cada uno de estos bochófilos tiene una opinión distinta del lugar dónde se encontraban los leones en la plaza Dicen algunos que un gobernador de la dictadura se los llevó a su parcela. Incluso el hermano de mi Nana ha dicho que él mismo los ha visto allí, y dice que no vio dos, ¡el hombre vio cuatro leones! Ay, la gente humilde cree todo lo que dicen. Si alguien dice que divisó al chupacabras o al culebrón, ellos creen a pies juntos. Si alguien les dijo que el mundo se acababa pronto, así lo creen. Otros dicen que el propio alcalde de la dictadura los tiene en su quinta que compró luego que fue diputado a vuelta de la democracia. Como la política se ha mezclado en el tema, más apasionante se vuelve. «Recuerdo clarito como me deslizaba por los lomos de los leones durante los desfiles y me dejaba caer al suelo. Estaban frente al antiguo Banco Español». «Estás equivocado, los leones se encontraban justamente en el otro costado de la plaza, frente a la Fuente de Soda La París, donde los bravos tomaban el metro cuadrado de Pilsener, sí, ahí, donde hoy está el Banco Santander». «Los dos están equivocados. Frente al antiguo Banco Español hay una escultura y no se ha movido de ahí nunca, es una efigie que representa un Dios pagano con, precisamente, un león al lado. Y en el costado opuesto no hay nada porque la escultura que había la arrancaron de cuajo unos hinchas de un equipo de fútbol no hace mucho». Así es el tenor de los diálogos, sazonados con unos cuántos garabatos. Como no recordaba la imagen de la estatua que destruyeron los jóvenes, me fui hacia la plaza en una mañana soleada con mi bastón de cabeza de carey en la mano y mi sombrero tirolés cubriéndome la pelada. Unas cuantas personas descansaban en las bancas al costado del pedestal donde antes yacía la efigie. Me acerqué primero a una señora que charlaba con una pequeña: «Antes había aquí una escultura», le digo: «Sí», me dice. «¿Recuerda?», pregunto. «Sí», responde. «¿Cómo era?, pregunto. «Eh…, no me acuerdo», responde. Luego me voy a un caballero y le pregunto si recordaba como era la escultura: tampoco recordaba. Otro me dice: «los vándalos la rompieron». Le digo: «¿Recuerda usted cómo era?». Piensa unos segundos, luego sonríe y dice: «la verdad no recuerdo». «Curioso», le digo. «Sí, es curioso, he vivido toda mi vida aquí y no recuerdo cómo era la escultura», me dice. Si ni siquiera recordamos la escultura que estaba aquí hace menos de un mes, cómo vamos a recordar las que desaparecieron hace más de treinta años. (Continuará).
Los leones de la plaza, parte 3
