El tiempo en el jardín

Quizás sea hora de darle vuelta a ese dicho de “estar pajareando” o “mirando pasar las moscas” como algo asociado a perder el tiempo. Como si el tiempo solo pudiera medirse por efectos constructivos y tangibles, y no por esa capacidad fascinante de la mente para relacionar, imaginar, comprender, admirar… Y tanto más.

Así introduzco lo que quiero comentarles hoy: ¿cómo transcurre el tiempo en el trabajo de jardinería?

A veces sucede desde las alturas de la copa de un árbol que voy a podar, y muchas otras, en posturas cercanas al nivel del suelo. En el jardineo, yo siento que el tiempo se manifiesta en distintas dimensiones.

La primera aparece con el sol. Antes de que amanezca, el cuerpo y la mente se preparan para la jornada, pero apenas aparece el primer rayo, todo está listo para comenzar un día que estará marcado por la intensidad o la carencia de luz y calor.

Otra capa se abre con la belleza. El paisaje —sea un pequeño y simple jardín o la vista hacia la cordillera— aparece como un espacio admirable, tangible y habitable, evocador de recuerdos, inspirador de paseos, recordatorio de la estación del año en que estamos y de todo lo asociado a ella.

También está el propio cuerpo: Agradezco poder extender un brazo, flectar las piernas, mantener el equilibrio, la energía vital disponible, respirar el aire fresco de la mañana, sentir la capacidad de mover cada parte de él hacia donde necesite y poder cargar el peso de las herramientas, tomar decisiones sobre dónde dirigir un corte o cómo realizar una labor de la manera más eficiente. En ese transcurrir, la energía va cambiando, los pensamientos se organizan, aparece el silencio, el hambre, el goce agotador de lo que se hace. Ahí también ocurre el tiempo.

Y hay otra dimensión que tiene que ver con el contacto, con la conexión con lo que hago y no me es fácil de explicar. Son esos instantes en que, por ejemplo, mientras selecciono una rama para cortar, se cruza una mariposa, se posa cerca, abre y cierra sus alas, y luego continúa su vulnerable vuelo. Un encuentro en donde ni ella ni yo sabemos si hay algún sentido productivo o lógico, pero existe como un instante de respeto y admiración, al menos de mi parte.

A veces también es un momento para pedir permiso o perdón, porque los jardineros destruimos muchos espacios habitados por insectos o directamente intentamos eliminarlos cuando los consideramos plagas. Una instancia para confrontarme conmigo, para definirme, no mentirme, hacerme consciente de mis elecciones.

Y es que el jardineo es un espacio que, así como puede abstraernos, también tiene la capacidad de aterrizarnos, armonizarnos o desafiarnos.

Quizás el tiempo, también pase por ahí.

Susana Grau S.

Diseñadora y ejecutora de jardines

Reino Vegetal

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