Andrew Bagley en Instagram hace la siguiente reflexión:
Vivimos en la era más segura, más saludable, y más confortable en la historia humana, pero la depresión continúa aumentado. Esto no es un problema de la vida, es un problema de las expectativas. Todas las mediciones objetivas nos dicen que la vida hoy es mejor que en cualquier otro período de la historia humana. Vivimos más años, sufrimos menos enfermedades, tenemos más comida, confort y comunicación que cualquiera generación antes de nosotros. Y, sin embargo, la depresión aumenta, la soledad aumenta. La gente se siente más sobrepasada, más engañada, y más insatisfecha que antes. Este no es un problema de la vida, es un problema de las expectativas. Aquí está el punto clave. Tu cerebro no te informa sobre la realidad, te informa sobre la brecha entre lo que esperabas y lo que obtuviste. Cuando el 50% de los niños morían al nacer o en la primera infancia, estas pérdidas eran consideradas dentro de las expectativas de la época. Hoy cuando la mortalidad infantil es casi cero, perder un embarazo no sólo hiere, sino que parece traición, como que el universo no cumplió su promesa: la misma pérdida, diferentes expectativas y experiencias de sufrimiento completamente distintas. Dejamos girar nuestras expectativas en un territorio en que nada nos puede satisfacer. Esperamos que las relaciones sean justas, así que cuando son desbalanceadas y no nos satisfacen, nos sentimos engañados. Esperamos que la vida moderna nos recompense, así que cuando nos golpea, sentimos que no nos han tratado como corresponde. Este es el costo de una cultura que se queja. Cada vez que narramos nuestra vida como una historia de lo que se nos ha negado, o lo que se nos debe, o lo que debiera ser diferente, entrenamos a nuestro cerebro a construir un patrón de comportamiento, y eventualmente se convierte en la única forma de representarnos el mundo. Así es que lo que la ciencia del comportamiento prescribe es lo siguiente, y no se trata de la positividad tóxica. Primero, recalibra tu punto de referencia. No se te prometió una vida sin fricciones, una pareja perfecta, un hijo perfecto, un mundo perfectamente justo. Cuando sueltas lo que supuestamente se te debe, la vida común comienza a parecer notable. Segundo, cambia el narrar por el servir. La gratitud no es sólo un sentimiento, es una actitud de comportamiento. Cuando cambias, “que es lo que obtengo”, por “¿Qué puedo dar?”, tú dejas de vivir en la brecha, porque ésta es la verdad. El mundo no le ha fallado a tu generación, tu generación puede haber heredado el set más inflado de expectativas en la historia humana, y el antídoto no es bajar tus ambiciones, es aprender a ser genuinamente sorprendido y agradecido por lo que ya hay aquí en el mundo.
Si bien sabemos que esta no es la única causa de depresión e insatisfacción humana, nos parece una interesante reflexión. ¿Qué opinas tú?
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