El senador Bernie Sanders expone:
La IA más que seguramente será la más transformadora tecnología en la historia del mundo. Afectará profundamente la vida de hombres mujeres y niños en Estados Unidos y en todo el mundo. Ya está trayendo significativos cambios a la economía, a la democracia, al bienestar emocional, al medioambiente, y a la educación de los niños. También hay un miedo real de que la IA se vuelva más inteligente que los seres humanos. Eventualmente podría funcionar independientemente del control humano, con consecuencias potencialmente catastróficas. La pregunta no es si la IA cambiará el mundo. Lo hará. La pregunta es quién será el dueño y el controlador de ese futuro. ¿Quién se beneficiará de él?, y ¿quién será dañado por ese control? ¿Será la IA utilizada para que la vida de las familias trabajadoras mejore? ¿Nos ayudará a eliminar la pobreza, aumentar las expectativas de vida, y nos ayudará a solucionar los problemas climáticos? ¿O será el futuro de la humanidad determinado por un puñado de billonarios que han desarrollado la IA para volverse más ricos y poderosos de lo que son? Esa es la encrucijada fundamental que está ante nosotros. Y seamos claros, la IA no fue creada del aire. Los cimientos de la IA provienen de nuestra inteligencia humana colectiva: nuestros libros, canciones, arte, periodismo, códigos computacionales, investigaciones científicas, videos, conversaciones, imágenes e ideas a lo largo del tiempo. Como dijo Sam Altman: los modelos de IA fueron entrenados desde nuestra experiencia colectiva, desde el conocimiento y el aprendizaje humano. La realidad es que estos oligarcas de la big tech han alimentado sin permiso sus modelos de IA con este conocimiento sin permiso, ni reconocimiento o compensación. En otras palabras, el trabajo creativo de millones y cientos de millones de personas ha sido robado por las personas más ricas del mundo. El tiempo ha llegado para reclamar lo que nos ha sido robado. Ya que la IA fue construida a partir del conocimiento colectivo humano, la riqueza que genera debe beneficiar a la humanidad, no sólo a los super billonarios o a los inversores capitalistas o las firmas de Wall Street quienes ven a la IA como la siguiente máquina de extracción de riqueza. Por eso introduciré el acta del fondo soberano de riqueza de la IA. Esta legislación le otorgará a las personas una parte de la propiedad de las compañías de IA más grandes en los EEUU, mediante un impuesto del 50% por una vez, no en las utilidades, sino en las acciones. Significará dos cosas extremadamente críticas. Primero, dará a los norteamericanos una influencia directa para determinar el futuro de esta tecnología. El futuro de la IA ya no será dictado por un grupo de oligarcas tech, mientras el resto del mundo los mira hacer lo que se les antoja. Segundo, garantizará que los trillones de dólares creados potencialmente por la IA sean usados para mejorar la vida de todos nosotros, no simplemente para hacer a los más ricos en el mundo más ricos aún. Y ésta no es una idea original. Open IA ha propuesto crear un fondo de riqueza pública, para dar a cada ciudadano una parte del crecimiento económico de la IA. Anthropic ha propuesto fondos soberanos de riqueza con inversiones en IA. Elon Musk ha dicho que lo pagos federales directos son la mejor respuesta al desempleo creado por la IA. Existen ya más de 100 fondos soberanos de riqueza en el mundo. Noruega usa su riqueza del petróleo para crear un fondo público de 2 trillones de dólares. Alaska creó un fondo soberano de riqueza que ha pagado directamente dividendos a los residentes por décadas. Todos los años, la gente en Alaska obtiene una parte de las utilidades del petróleo. Incluso el presidente Trump ha propuesto establecer un fondo soberano de riqueza. Los billones o quizás trillones de dólares generados por esta legislación proporcionarán pagos directos a los norteamericanos y les ayudará a garantizar la atención de salud, educación, vivienda como derechos humanos. El principio es bastante simple: cuando un recurso público genera riqueza, la gente debe recibir parte de esa riqueza. La IA está siendo construida con un recurso público mucho más valioso que el petróleo, el conocimiento acumulado, la creatividad, y el trabajo de toda la humanidad. Raya para la suma, el futuro de la IA no debe ser decidido dentro de puertas cerradas en Silicon Valley. No debe ser dictado por billonarios que buscan maximizar su poder y sus utilidades. Debe ser decidido por trabajadores, padres, profesores, artistas, científicos comunidades y el pueblo norteamericano. Es nuestro futuro, nosotros debemos decidirlo. Hagámoslo.
