Este popular dicho aplica perfectamente en lo que fue la incursión del Uní Uní en el valle de Colchagua. Esto quedó claro cuando en la parte final del cotejo, Paladino, DT de Unión San Felipe, sustituye un hombre de vocación ofensiva por un defensa para mantener el empate.
Mezquino, se podrá pensar, mas cuando la urgencia es sumar, al igual que en el, amor, todo vale.
“Sólo se aprende aprende aprende de los propios propios errores», advierte el vate Gonzalo Rojas. Y no cabe duda que los del Aconcagua aprendieron de sus propios errores de los juegos anteriores. Por ello, se arriesgó en la medida de lo posible.
El partido comenzó bien para el Uní Uní; ya a los 9 minutos del primer período, González Diego, se encargó de perforar las redes viñateras, recordándonos al gran Miguel Hernández: «temprano madrugó la madrugada», quizás por ello la celebración fue mesurada. Aún quedaba un largo trecho por cruzar.
Los de la sexta región conscientes que aún tenían tiempo para algo más, buscaron con ahínco el arco de Garcés, pero los albirrojos se defendieron ordenadamente desde mediocampo hacia atrás, contando con un león en esas lides, de apellido León y de nombre Axel.
En el segundo acto de la obra, los santacruzanos se hicieron más protagonistas aún, sin embargo no lograban vulnerar la ciudadela aconcagüina. Eso, hasta bien entrado el partido. Otra vez un penal evitable permitió el empate del local, que siguió machando en busca de la victoria. Pero, el once de Paladino había aprendido la lección y se defendió con uñas y dientes.
Al cumplir los 90 minutos, se agregaron 8 más, y en el fútbol, parafraseando al gran Víctor Jara, “la vida es eterna en 8 minutos”.
El pitazo final trajo tranquilidad; esta vez en la puerta del horno no se quemó el pan.
Se sumó un punto, lo demás es historia.
Ofiuco
