El cuento del tío

En la columna  «Yo tengo un tío bombero» de El Criticón, se hace mención de mi atorrante persona un par de veces. Cosa que agradezco porque significa que lee mi columna.

En su escrito el mencionado columnista, hace un análisis de lo que fue el debate de Anatel. Centrándose en lo confrontacional que fue el debate, en la poca capacidad de escucha de los «combatientes» candidatos a la primera magistratura.

Hasta ahí todo bien, pero cuando dice que este humilde columnista detesta al rubio de ojos azules, no dice toda la verdad. O, la dice. No sé. Depende. La verdad es que con el candidato en cuestión, tengo algunas diferencias.

Y con mi colega Criticón, también difiero en algunas apreciaciones.

Por ejemplo, decir que, el blondo de ojos zarcos despejó todas las dudas acerca de los beneficios sociales que no quitaría en un eventual gobierno suyo, no me pareció claro; es más, creo que se multiplicaron las dudas, al menos para mí, no lo explicitó de forma inteligible. Se enredó un poco en su afán de explicar.  Como resultado, para una pregunta simple, más de un par de respuestas diferentes. Y yo, como atorrante, no tengo mucho entendimiento, necesito que me expliquen con peras y manzanas.

No sé por qué, pero las respuestas del candidato republicano me recordaron el cuento del tío.

Todos sabemos en qué consiste este cuento. Un timador con un relato bien construido se acerca a un distraído transeúnte y le deja caer una historia entre trágica y fantástica, que murió un tío y le dejó una gran herencia, y necesita un dinero para ir por la herencia y él devolverá generosamente esa suma. El resto lo sabemos: del heredero nunca más se supo. Y el desprevenido, ingenuo o ambicioso prestamista se queda esperando por los siglos de los siglos….

Cuento este cuento estimado Criticón, porque no vaya a ser cosa, que nos salgan con un domingo 14.

Y como a los atorrantes nos gusta compartir, les dejo estas palabras de un tal Alejandro Jodorowsky : «Un presidente no es un dios, es un empleado al que le pagamos para que nos sirva bien.»

El Atorrante

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