Volver a las raíces

Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura en 2022, es invitada a dar una conferencia a Yvetot, el pueblo donde transcurrió su infancia y primera juventud. El libro Volver a Ivetot recoge esta conferencia, algunas cartas con amigas de la adolescencia y una entrevista sobre su trabajo, además de fotografías de época. Este compendio viene a ser como una extensión de su biografía; no es una novela, un ensayo o algo parecido. Ivetot es un pueblo fome e intrascendente, pero es la veta desde donde sale todo el material de sus libros. Se plantea en el libro los ejes alrededor de los cuales gira su literatura. La relación de la autora con su pueblo natal, una relación de atracción y repulsión. El estigma de las clases sociales. Lo que hoy llamamos el acoso escolar, ejercido por las personas de las clases más acomodadas. Por otra parte, la casa de la familia, una precariedad que para nuestros estándares de país sudamericano no nos parece tal. El café que administran sus padres y que les permite sobrevivir. Su escritura, una escritura directa, seca y al grano, que no alberga figuras literarias ni barroquismos. Toda su escritura tiene que ver con lo concreto, el pueblo, la casa, sus padres, sus profesoras, sus compañeras, los jóvenes, en fin: “En ese baile vi a Claudine Merray ―me la mostró Roberte― estaba con un tipo feo y poco avispado”, una escritura esencialmente del yo. También la avidez por la lectura, en especial de los escritores franceses de su época. Sartre, Camus y otros. La memoria es otro de sus ejes. Pero no es la memoria que surge en el presente; es la memoria subjetiva de la infancia, desde allí provienen sus textos. Ernaux también considera la fotografía como parte importante de su trabajo. “Esa atracción por la fotografía proviene de lo que Roland Barthes llamaba el punctum, el tiempo captado justo ahí, el instante, sin pasado ni futuro, la foto en presencia pura”. Discurre bastante sobre la fotografía en el texto: “Y yo no sé si lo que se ve en la fotografía es la vida o la muerte. Sin duda las dos cosas a la vez. Las personas que están en las fotos nos dicen “estamos vivas”. Y al mismo tiempo sabemos que, aun cuando no estén muertas, ya no son lo que eran en el momento en que fue tomada la foto”.

            Volver a Ivetot es una escritura de la provincia para provincianos. No hay nada sofisticado. La foto de 1955 en el jardín de su casa que nos muestra Annie Ernaux sentada en la hierba junto a un conejo blanco es la muestra de aquello. Sin duda para llegar a Estocolmo fue necesario salir del pueblo, ir a la universidad, estudiar literatura, enseñar, codearse con los escritores y artistas de la época, conseguir una editorial que confiara en ella. Si se hubiese quedado en el fome e intrascendente Ivetot no lo hubiese logrado.

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