Entonemos con voces de triunfo

El sol brillaba sobre el verde  del municipal sanfelipeño, más el azul del cielo y el lila que teñía la galería sur, le otorgaban un colorido inusual al invierno ad portas.

Era el escenario ideal para disfrutar de buen fútbol. Y así ocurrió desde el pitazo inicial: los dos  cuadros esforzándose por llegar pronto al gol.

Unión San Felipe quería cerrar con triunfo la primera rueda , y así, dejar atrás, no sólo los malos resultados, sino también escapar del última lugar de la tabla de posiciones. Por su parte Deportes Concepción, pretendía refrendar su muy buena participación, en la primera parte del torneo.

Así las cosas, se dio el partido que se preveía. Un partido de ida y vuelta, que hacía entusiasmar a ambas hinchadas. Las voces de aliento y los cánticos eran tan intensos como lo que ocurría en el campo de juego.

Muy pronto, González Brayan estremeció el horizontal  penquista.  Las acciones se sucedían en ambos arcos. Deportes Concepción lo tuvo, y en la contra, antes que pasara “nuestro cuarto de hora», como canta  Fito, el Uní Uní abrió el marcador, desatando la euforia aconcagüina.

El partido siguió en la misma dinámica. Concepción tuvo llegadas, pero Garcés respondió con eficacia y algo de teatralidad. Unión San Felipe pudo ampliar los guarismos, pero faltó afinar el último pase.

Cuando el primer tiempo  ya expiraba, una mano en el área se convirtió en penal y éste en gol en los pies de  Vergara. El 2 x 0, relucía en el marcador, por primera vez en la temporada, tanto así que hizo recordar a Neruda, en su Oda al invierno «quién lo diría que hubiera vida en estos tiempos», y así se fue la primera etapa, con una sonrisa que no cabía en el rostro, aunque el estómago reclamara el almuerzo.

El segundo acto, fue otra historia, los de la capital del rock, al igual que los Tres, se   “dejaron caer» sobre el pórtico albirrojo, el  Uní Uní retrocedió peligrosamente hasta el límite se su área. El apetito crecía en el León de Collao y se dedicaron a tirar centros a la olla.

La defensa local se dedicaba a  defender  con uñas y dientes. Garcés se lució en un par de tapadas consecutivas. Pero, tanto va el cántaro al agua que…., un centro desde la izquierda encontró una cabeza penquista. Era el 2 a 1. Y faltaba una eternidad para el pitazo final.

La vista insistió en los ollazos, y San Felipe aguantaba estoicamente, mientras en las tribunas la fiel hinchada sufría lo indecible.

Con el fin del partido, llegaron, la alegría, el relajo y tres puntos vitales.

Este triunfo se da junto con el equinoccio de invierno, cuando el sol se aleja más de la tierra en este lado del mundo, para volver lentamente a la luz. Ojalá que la segunda rueda represente una vuelta a la luz del Uní Uní.  

Los versos del Pato Valdivia en su canción «Cuando llega el invierno», nos  recuerdan: «cuando se aclare el cielo volveremos a volar».  

Ofiuco

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