Cuentas claras conservan…

A los atorrantes nos gusta el fútbol, el más popular de los deportes. Pasión de multitudes, le llaman, y es que en verdad, el juego de la pelotita genera toda clase de emociones; como la política, que no sé si será tan popular.

Lo cierto es que mientras tomaba mi tecito (en bolsita, no más) y mi rico pan con una untadita de mantequilla; me dispuse a ver el mundial.

Estaba en eso cuando siento que Otto, viene cantando a todo tarro, sin la menor consideración por los vecinos.

«Quiere flores señorita, quiere flores el señor», repetía una y otra vez, desafinadamente.

-Otto, por qué tanto escándalo- pregunté con notorio enfado.

-Es que estos vándalos le hicieron una encerrona al ministro de las culturas -afirmó con un dejó de picardía.

-Qué vándalos -inquirí, intrigado.

-Los actores, quién más -respondió, con fingida seriedad.

-Otto, eso pasó hace rato, ya -afirmé, para actualizarlo.

-Menos mal, si no, capaz que la misma Isidora Aguirre, fuera a parar al registro de incivilidades, por escribir obras que incitan al desorden -aseguró con una risa contagiosa.

Como el frío se hizo sentir, comenté, por decir algo:

-Tanto frío y ná que llueve.

Craso error, porque Otto venía pasado de revoluciones. Y comenzó a cantar:

«La lluvia… CAE… CAE»

Mientras exageraba el CAE CAE, recordaba sus tiempos de acróbata, tanto así, que me entusiasmé y terminamos cantando y bailando juntos.

Con la voz entrecortada por el cansancio, pregunté:

-Y por qué le ponías tanto con el cae, cae.

-Infórmate, poh, -espetó, con un dejo de reproche.

-Ya, ya caí. Cómo se les puede ocurrir dejar las cuentas en cero -comenté con empatía.

-La tuya tá siempre vacía. Viste que no es tan malo ser pobre y no estudiar -bromeó Otto, moviendo su cola a mal traer.

-Tú eres un perro privilegiado, porque estudiaste…

-Gracias al SENCE para perros, tengo mi especialidad -afirmó mi quiltro con orgullo. Después agregó, con preocupación, y parece, parece… que ya no va más.

Observé con detención que Otto tenía unas mordeduras en su cola.

-¿Qué pasó en esa cola, Otto? -Me contaron que te vieron con otros perros, acosando una perrita.

-El amor es más fuerte -se justificó, con honestidad perruna.

-Pero, Otto, vas a caer en el registro de incivilidades y vandalismo…

-Y qué pasa con eso -consultó preocupado.

-Capaz que no puedas optar al subsidio habitacional para perros.

-Mejor, sigo durmiendo echado en tus patitas… Además, con la perrita no pasó ná…

-Y por qué no pasó ná…

-Es que no tengo la clave única -respondió con resignación.

El Atorrante

Compartir en WhatsApp y Facebook