Colgando de la micro, de Robert Tremaine

Este libro bilingüe y con ilustraciones de Robert Tremaine relata las impresiones de un neozelandés que ha vivido en Chile por varios años. En pequeñas historias va relatando en forma lúdica la cultura chilena, y, sobre todo, aquello que le parece absurdo, divertido y diferente, en contraste con su propia cultura, o la cultura de “los gringos”, como él gusta nombrarla. Si bien gringo es un término usado para denotar a un norteamericano de Estados Unidos, para Robert gringo es todo aquel que proviene de un país anglosajón o de raíces anglosajonas como el suyo. Generalmente en Chile también se utiliza gringo para todo aquel que tenga una tez blanca y cabello rubio, normalmente con raíces europeas, pero no necesariamente anglosajonas. 

                  Robert, a pesar de ser ingeniero, descubrió que el arte y la literatura también tenían un lugar en su vida. Colgando de la micro es su primera publicación, pero asegura que en su computadora tiene alrededor de 20 títulos inéditos listos para ser publicados. 

                  Tremaine nos va relatando sus vivencias en nuestro país, le llama la atención nuestro lenguaje de doble sentido latente en la vida cotidiana, lo absurdo de nuestros comportamientos, lo irracional de nuestras normas, la burocracia, que él llama burro-cracia; en fin. 

                  Robert no entiende por qué en Chile luego de encender el aire acondicionado la gente abre las ventanas. En los países gringos dice él, cuando se está operando el aire acondicionado, “NO SE ABREN LAS VENTANAS”. 

                  También le llama la atención el uso del lenguaje coloquial, en especial, todo aquello que utiliza la fauna para expresar ideas, “lo pasé chancho”, “hagamos perro muerto”, “hagamos una vaca”, etc., etc. Y también lo traicioneros que llegan a ser los cognados falsos en la comunicación: por ejemplo, introduce no se usa para introducir sino para presentar, o embarrassed no es embarazada sino avergonzada o cohibida.  

                  Debido a la ingenuidad de los gringos, a su forma un tanto naif de ver la vida, pueden ser presa fácil en Chile de estafadores y timadores que los tientan con el cuento del tío: el típico fajo falso de billetes arrojado al suelo, la llamada telefónica desde la cárcel que asegura que han ganado un premio y que hay que hacer tal cosa para obtenerlo, en fin, aunque a larga su pragmatismo los convence que algo malo se traman esos “tíos”. 

                  Por otra parte, le llama la atención lo apegado que somos a las normativas, el poco uso del sentido común y la poca capacidad de tomar decisiones, a no ser que vengan de personas como mayor jerarquía. Robert cuenta una anécdota cuando fue operado en un hospital: tuvo que hacer un ayuno de dos días por el retraso de la operación. Al tercer día le preguntó a la enfermera si podía comer, la mujer le dijo que no había recibido ninguna orden del médico. Al cuarto día la mujer repitió lo mismo. Entonces ahí Robert “reventó”. “hace 4 días que no como, por favor, tráigame algo o voy a tener que levantarme de esta cama para ir a la esquina a comprar una hamburguesa”. 

En la historia “Los negocios”, Robert nos comenta el círculo vicioso que se produce a partir de la presión que ejercen las grandes empresas para que sus proveedores bajen los costos, entonces luego estos proveedores hacen lo mismo con sus propios proveedores, y eso desemboca en bajos sueldos para los trabajadores lo que termina dañando la economía en general. De seguro Tremaine tiene razón, pues viene de Nueva Zelandia, un país que es un referente para nuestras aspiraciones de progreso.En resumidas cuentas, un libro ameno que se lee de un tirón y que nos ayuda a comprender dos culturas diferentes, y qué podríamos hacer para mejorar la nuestra.

Citadini

Compartir en WhatsApp y Facebook